La utopía republicana

profundas contradicciones que la habían caracterizado a lo largo de casi cien años. El republicanismo que sucedió al derrocamiento del primer mandatario, elegido debido a la presión de la tan requerida «opinión pública», exhibió las características y la textura de una comedia de enredos. De este modo, los «abnegados ciudadanos» de hoy ya no eran «los combatientes de las calles» de ayer, sino los soldados de un ejército «cívico» que, jefaturado por su coronel, el «brillante» Oscar R Benavides, había reprimido a la «matonería» y devuelto el orden institucional al país (Ulloa, 1965, p. 324). En tal contexto, el militar Benavides, encargado por los políticos civiles de velar por el respeto a la Constitución de la República, además de acompañar a su morada final al general Enrique Varela, ministro del depuesto gobierno de Billinghurst que él derrocó y que la tropa bajo su comando asesinó, proveyó a la familia de dicho militar de una importante suma de dinero por sus «importantes servicios» prestados a «la nación» (Gerlach, 1973, p. 54). Fue en nombre de esta, justamente, que Benavides pronunció un revelador discurso ante los parlamentarios que colaboraron con él para la realización del golpe de Estado. En su alocución, el «bien de la República» y la «unión de la familia peruana» se exhibieron como ejes centrales de la preocupaciones «patrióticas» del militar represor869. La confusión política que sucedió al golpe militar y que determinó la juramentación simultánea de dos presidentes provisorios para suceder al derrocado y exiliado Guillermo Billinghurst870, así como la deportación y persecución de Benavides a muchos políticos que, como Augusto Durand y Alberto Ulloa, habían colaborado en la «revolución constitucional»871, puso en evidencia no solo que el libreto republicano carecía de la frescura y del poder de convencimiento del pasado, sino que, debido a lo peligroso de la escenografía social que le servía de marco, los actores encargados de representarlo estaban olvidando el argumento original y la parte que les correspondía en una obra que iba tomando ribetes de una farsa tragicómica. «DESFACIENDO EL ENTUERTO» En el decisivo 1915, dos discursos políticos emergieron casi simultáneamente en escenarios capitalinos. Su finalidad fue dar respuesta, desde diferentes ángulos y tradiciones, a la inocultable crisis política, económica, social y moral que el catedrático sanmarquino Víctor Andrés Belaunde había tipificado unos meses atrás como «estructural»872. Así, la 392

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