obrero que se desarrolló en 1901, además de hacerse público el tipo de reclamos que exigían las clases trabajadoras limeñas —disminución de la jornada de trabajo, un salario justo, protección al artesanado, fundación de hospicios, abaratamiento de las subsistencias, por mencionar algunos—, se evidenció que el radicalismo, en su versión anarquista, estaba tomando cuerpo entre los núcleos trabajadores capitalinos. La fundación del diario La Protesta, que durante quince años fue el principal medio de organización y propaganda de la clase trabajadora nacional, y la organización de la Federación Obrera Regional Peruana pusieron de relieve el gran poder que los núcleos anarquistas empezaron a exhibir en el país853. El proceso de radicalización política anterior corrió en paralelo al alejamiento de los partidos históricos de sus bases populares. Los partidos Demócrata y Civil, entretenidos en su alianza política y en su posterior disputa por el poder; el Constitucional y el Liberal, marginados temporalmente de la política nacional y en proceso de reorganización; junto con el «nihilismo» de una Unión Nacional que no lograba tener una llegada efectiva a los sectores populares854, dieron cuenta de la incapacidad de las instituciones políticas tradicionales en la tarea de proveer un vehículo de expresión a las nuevas voces que pugnaban por hacerse escuchar. El grado de organización y de movilización adquirido por los trabajadores de Lima y Callao, el cual se exhibió intermitentemente a lo largo de la primera década del siglo XX855, culminó con dos importantes eventos que ocurrieron casi simultáneamente y que actuaron como potentes catalizadores en el reforzamiento de la identidad y del poder de acción de las clases trabajadoras limeñas. El pase en 1911 de la legislación relacionada con el riesgo profesional, que proveía de indemnizaciones a los trabajadores que se accidentaban mientras trabajaban, y la primera huelga general en la historia de Lima, propiciada por los obreros textiles de Vitarte, probaron no solo que la voz del pueblo era escuchada por «los de arriba», sino que la ciudad entera podía ser movilizada exitosamente en defensa de los intereses populares. El método de la «acción directa» aprendido por algunos trabajadores en tiendas anarquistas probó ser eficaz en las luchas obreras del temprano siglo XX. Aquel fue recreado, nuevamente, durante las «Jornadas Cívicas» que llevaron a Billinghurst al poder856. Así, importantes representantes del movimiento anarquista, como el artesano Carlos del Barzo o el dirigente portuario Fernando Vera, 389
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