La utopía republicana

amontonamiento de adultos y niños en casas subdivididas, determinó que decenas de familias tugurizadas convivieran en espacios insalubres denominados «callejones»851. En estos, donde no existía, obviamente, una clara demarcación entre la esfera pública y la privada, muchos limeños aprendieron las primeras reglas de convivencia social (Stein, 1986, pp. 4142). El alto índice de mortalidad infantil y la proliferación de uniones informales y de hijos ilegítimos fueron evidenciados en los censos de la época (Ministerio de Fomento del Perú, 1915, pp. 990-991; Perú, Censo de Lima 1908 I, 232 en Stein, 1986, p. 43). Estudios posteriores también pusieron de manifiesto las ocupaciones y profesiones por composición étnica de la sociedad limeña. Así, para la primera década del siglo XX, la población mestiza de la capital se agrupaba en ocupaciones manuales, artesanía, trabajo industrial y transporte; las ramas del comercio, medicina, abogacía y educación estaban mayormente en manos de blancos; y muy pocos mestizos, indios o negros eran propietarios (León García, 1909, pp. 14-15, 40 y 69). A partir del análisis de los censos y de los estudios anteriormente mencionados cabe afirmar que la estructura social de Lima se estaba transformando aceleradamente. Debido a aquella inevitable situación, el crecimiento de las clases trabajadoras logró sobrepasar ampliamente al de las clases medias. En 1876, los artesanos y obreros constituían el 25% de la población capitalina mientras que en 1908 llegaron a más de un tercio852. En pocas palabras, alrededor de 40 000 habitantes de Lima pertenecían a las clases trabajadoras. Si bien la restrictiva ley electoral de 1896 había intentado «ordenar» la ciudad, limpiándola de «capituleros» y turbas políticas, mayormente reclutadas entre los sectores populares, a principios de siglo XX cierto grado de politización popular, sobre todo a nivel municipal, se hizo evidente en la capital del país (Blanchard, 1977, p. 253). Sin embargo, en el campo en el que las clases trabajadoras limeñas desarrollaron una mayor conciencia grupal fue en el de sus propias luchas reivindicatorias. En la primera década del siglo XX, una serie de asociaciones de trabajadores como la Confederación de Artesanos Unión Universal, la Asamblea de Sociedades Unidas, El Centro de Estudios Sociales Primero de Mayo, El Centro Luchadores por La Verdad y la Sociedad Patriótica de Artesanos de Arequipa, entre otras, pretendieron organizar a los trabajadores, representar sus intereses y negociar con el gobierno la expedición de leyes que reglamentaran las desiguales relaciones laborales existentes (Blanchard, 1982, cap. I; Guerra, 1966-1984, p. 241). En el congreso 388

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx