La utopía republicana

Guillermo Billinghurst, fuera elegido Presidente de la República843. Así, la elección presidencial de 1912, a diferencia de todas las otras realizadas a partir de la revolución coalicionista, exhibió características extrapartidarias y un origen indudablemente popular844. El movimiento «aluvial», que llevó a Billinghurst al poder y que tuvo como características fundamentales la «toma de las calles» y la reactivación de una política popular de corte radical, estuvo conectado a la aguda crisis del sistema político hegemónico. Este, en vísperas de la elección, no había encontrado aún un candidato de conciliación845. Por otro lado, los profundos cambios sociales que habían alterado el rostro del país y la emergencia, en su versión más radical, del credo republicano, con imprevistas líneas anarquistas, fueron los elementos adecuados para la recreación de la esfera pública como campo de discusión política. Guillermo Billinghurst, un rico salitrero tarapaqueño con escasos vínculos dentro de los núcleos de poder limeño, encabezó la reacción nacional contra el modelo político, elitista y cerrado, que se había venido reproduciendo en el país durante dos décadas846. El provinciano Billinghurst, reactivador de los traicionados ideales republicanos —y quien debido a sus negocios salitreros en el sur y su actuación en la alcaldía de Lima vivió los agudos problemas de la clase trabajadora peruana—, también sintió en carne propia los efectos del sistema político restrictivo que intentó transformar. En efecto, como señalamos anteriormente, el antiguo compañero de Piérola en sus andanzas revolucionarias y exvicepresidente de la fórmula coalicionista de 1895 tomó distancia de la alianza demócrata-civil cuando comprendió que, debido al irreversible proceso de hegemonización civilista en el aparato estatal, su candidatura presidencial no encontraría el apoyo del gobierno. Sin embargo, más allá de situaciones particulares, que no deben pasarse por alto, Billinghurst representó, básicamente, a un amplio y complejo frente multiclasista. Este último, con agendas e intereses múltiples, estuvo conformado por aquellos sectores de la élite, de las clases medias y de los grupos populares que sintieron la inocultable marginación del exclusivismo civilista. Cabe anotar, sin embargo, que el protagonismo y la voz en dicho frente le correspondió, como en la Revolución de 1895, a un irreverente sector popular. El 2 de agosto de 1912, a casi un mes de la inauguración de Billinghurst, un violento discurso pronunciado por un líder artesanal ante un auditorio de «cuatro mil obreros» puede darnos cuenta del grado de movilización 386

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