estaba estrechamente relacionado con el creciente predominio de «los brutales influjos» del «egoísmo personal y social» (Ulloa, 1965, pp. 202204). La preocupante situación anterior se debía a que los detentadores del poder, a pesar de exhibir un discurso político de avanzada, carecían de una «verdadera orientación definida» para hacer del Perú una «verdadera nación»832. En algunos casos, como Ulloa ejemplificó gráficamente, un comportamiento social clasista entre los sectores dirigentes desdecía una prédica política que se preciaba de democrática833. En 1904, a escasos días de la inauguración de José Pardo, Ulloa puso en evidencia que, a pesar de que el gobierno le había exigido a «la nación» la duplicación de sus impuestos, con el pretexto de perfeccionar el «programa económico», aquel no había comprendido que no existía progreso realizable y fecundo sin la base de «la riqueza social». Esta equivocada percepción por parte del civilismo provocaba la incongruente situación de contar con un Estado industrial y un fisco poderoso, en medio de una sociedad en la cual faltaban brazos, capitales, cultivos y medios de producción. La existencia de un Estado, en palabras de Ulloa «contrahecho y deforme», se debía a la ausencia de un norte en las altas esferas de poder. Era por la preocupante situación anterior que «cada ciudadano» debía «emitir libremente sus juicios y defender con pasión sus ideas» (Ulloa, 1965, pp. 249-250). Las violaciones civilistas del «dogma republicano» y del «pacto político nacional» así lo requerían (Ulloa, 1965, p. 254). Si bien es cierto que las airadas denuncias y elaboradas argumentaciones de La Prensa fueron creando un ambiente desfavorable a la administración civilista, aquellas no evitaron que el modelo político instaurado a principios de siglo se reprodujera una vez más. En 1908, otro miembro del grupo de los «24 amigos», el exitoso hombre de negocios y ex secretario de Hacienda de Manuel Candamo y de José Pardo, Augusto B. Leguía, asumió, con el apoyo del Partido Constitucional la Presidencia de la República por un período de cuatro años. En el intento de combatir al continuador y consolidador de un modelo político basado en el crédito externo y en el afianzamiento del aparato exportador834, Ulloa no solo prosiguió con sus denuncias públicas y desenterró el lado oscuro del Partido Civil, aquel que propició, para fines de un enmascarado control social, la polarización del país entre «decentes» y «canallas»835, sino que estimuló, para fines políticos, un uso más agresivo de la esfera pública. Así, la revuelta de Yanacoto, el 10 de mayo de 1908, y el fallido golpe de Estado demócrata contra el gobierno de Leguía, el 29 de mayo de 1909, en 380
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