masivas que guardó en otros países latinoamericanos, ejerció una importante influencia en la conformación de las clases medias limeñas. La existencia de un público lector significativo colaboró en el florecimiento de una cultura escrita. El aumento de la escolaridad y por ende del alfabetismo fue fundamental en el fortalecimiento de la prensa limeña. Así mientras que en 1876 solamente un 9% de la población de Lima estuvo involucrada en las tareas educativas, para 1908 dicho porcentaje se duplicó828. En dicho contexto, y debido a la agresiva política educativa promovida por el civilismo, el número de profesores y estudiantes se triplicó en los años siguientes829. Entre 1906 y 1907, por ejemplo, el número de alumnos matriculados en las escuelas primarias nacionales se incrementó de 97 828 a 103 099, respectivamente, y el número de analfabetos disminuyó de 66 745 a 52 834. Esta situación, que permitió un 70% de escolaridad infantil en Lima, se debió, probablemente, al mayor número de preceptores contratados por la administración civilista (Stein, 1986, pp. 17, 55-83; Gardini, 1914, pp. 495 y 496). La proliferación de institutos y escuelas que, como la Escuela de Comercio de Lima, educaban a los miembros de las clases medias capitalinas, junto con la puesta en marcha, en 1908, de la «Extensión Universitaria», ayudó a que los sectores medios urbanos se profesionalizaran y mejoraran su nivel académico (Garret, 1973, p. 17)830. La Universidad de San Marcos resultó siendo, en consecuencia, una suerte de «Santo Grial» para muchos estudiantes limeños y provincianos. Los trujillanos César Vallejo y Víctor Raúl Haya de la Torre, por ejemplo, fueron atraídos a la capital de la república por el brillo intelectual que la vieja universidad fue capaz de irradiar al interior del país. El diario La Prensa, que debido a su gran demanda se vio en la obligación de aparecer en edición matutina y vespertina831, además de intentar articular una opinión pública, producto de la discusión abierta de los problemas nacionales, colaboró en reavivar la prédica republicana de antaño. Así, el neorrepublicanismo de corte social promovido por La Prensa denunció la inmoralidad política que el modelo económico civilista estaba propiciando en el país, pero también la ausencia de un proyecto nacional solidario que incluyera a todos los peruanos. En efecto, para Ulloa el «ventralismo» de «los frívolos industriales» había ahogado las protestas contra las injusticias y las «invitaciones a la solidaridad en las faenas del bienestar humano». El debilitamiento de la «vitalidad nacional», evidenciada en la pasividad de los ciudadanos en torno a la cosa pública, 379
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