estructuras políticas civilistas, así como de colaborar activamente en el renacer del discurso cívico-republicano del pasado. La organización de La Prensa como arma de combate político permitió la interacción de un sector importante de intelectuales, comerciantes, industriales y políticos limeños y provincianos821 en la creación de un núcleo de opinión pública, contestatario del poder oficial. Aquel intentó dejar sentado ante la colectividad peruana que en las decisiones nacionales concernientes al bienestar del país todos debían tener una voz. En palabras de Ulloa, era preciso tener en cuenta que el Perú «no era del civilismo exclusivamente, ni de la familia del señor Pardo» sino de «muchas otras personas» cuyas «opiniones y aspiraciones» eran igualmente «legítimas» (Ulloa, 1945, p. 291)822. Así, Ulloa, durante sus diez años de lucha periodística (1904-1914), confrontó directamente al estilo monopólico de ejercer la política inaugurado por el neocivilismo a principios de siglo, abogando, en su lugar, por un proyecto nacional de tipo inclusivo. Paralelamente, el combativo periodista de La Prensa se apoderó del aparato simbólico del republicanismo-cívico que el partido de gobierno intentaba utilizar a su favor, denunciando, al mismo tiempo, la oculta lucha de clases que intentaba esconder un velado discurso político, que se preciaba de igualitario. El «periodismo republicano» representado por Ulloa, además de continuar con la tradición nacionalista y desarrollista inaugurada a mediados del siglo XIX —no debemos olvidar que fue el padre de Ulloa, José Casimiro, uno de sus propulsores—823, logró trasladar la discusión política de la esfera de lo privado al campo de las letras. Lo anterior permitió que aquellas «clases medias», que tanto preocupaban a Manuel Vicente Villarán, tuvieran un espacio y un medio de expresión adecuado. En dicho contexto, la palabra escrita —en manos de periodistas como Alberto Ulloa, Abraham Valdelomar, José Carlos Mariátegui, Leonidas Yerovi y César Falcón, entre otros— pretendió corroer jerarquías y privilegios mediante un uso adecuado de la argumentación y la discusión pública. Así, la legitimidad alternativa que se buscó construir desde las páginas de La Prensa no partió del estatus o de la posición social de los emisores del discurso político, sino de la elaboración de un argumento favorable a la defensa los «derechos ciudadanos» y el «bien común»824. En suma, Alberto Ulloa representó a aquellas «clases medias» que habían venido creciendo silenciosamente a lo largo de varias décadas en el país y que, ante los avances económicos experimentados durante los años 376
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