o clánica, en la organización social de dicha ciudad (Morse & Capelo, 1973, I, pp. 36-37 y 84). Ante la ausencia de un aparato estatal sólido, el ordenamiento republicano-conservador reprodujo a gran escala la forma de organización familiar, fragmentada y privada, que había empezado a hacerse común a inicios del nuevo siglo. En tal escenario, el Estado resultó siendo la suma de sus partes privadas. El ordenamiento anterior no fue tan solo privilegio de Lima, ya que en las principales provincias peruanas los clanes familiares ejercieron un rol predominante en la organización política regional (Flores Galindo & Burga, 1980, 103; Taylor, 1987, conclusiones). Manuel González Prada, crítico acérrimo del civilismo, afirmaba con ironía y desdén que el país en 1904 estaba gobernado por un clan político endogámico. Dicha situación era claramente evidente cuando se observaba la existencia de «un José Pardo y Barreda en la Presidencia de la República, un Felipe de Osma y Pardo en la Corte Suprema, un Pedro de Osma y Pardo en la Alcaldía Municipal y un José Antonio de Lavalle y Pardo en una importante fiscalía» (González Prada, 1938, p. 101). El encumbramiento de una organización política de corte familiar colaboró en el reforzamiento de las tendencias paternalistas, jerárquicas y autoritarias que habían caracterizado, tradicionalmente, a la cultura política peruana. De ese modo, la familia y la escuela colaboraron en fortalecer un comportamiento político que privilegiaba la sumisión pasiva ante la autoridad y favorecía la creación de redes de clientela para conectar a «los de arriba» con los «de abajo». Aquellas redes, sutiles y efectivas, permearon a los diferentes estratos de la fragmentada sociedad peruana (Stein, 1986, pp. 55-83). El modelo republicano-conservador exhibió tensiones y contradicciones en cuanto a los intereses de sus partes constitutivas820 y en cuanto a las estrategias y el ritmo de incorporación de los sectores sociales emergentes. Así, mientras que en el grupo de «los 24 amigos» la incorporación de nuevos adherentes tuvo lugar solamente cuando uno de los antiguos miembros fallecía, el jurista e intelectual civilista Manuel Vicente Villarán, hijo de uno de socios del «grupo de los 24», propició la creación de instituciones que aceleraran el proceso de incorporación económica y política de las clases medias nacionales (Paz Soldán, 1917, pp. 404-410). En 1900, en pleno proceso de hegemonización civilista, Villarán pronunció un discurso en San Marcos en el cual, además de criticar el egoísmo y la incoherencia de la dirigencia peruana, planteó crudamente la 374
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