Ahí, un núcleo social privilegiado, que incluía a los miembros fundadores del Partido Civil —los abogados Isaac Alzamora y Luis Felipe Villarán; el terrateniente y comerciante Domingo Olavegoya; el comerciante limeño Pedro Correa y Santiago; el banquero y hombre de negocios Manuel Candamo y el dueño del periódico más leído en el país, El Comercio, José Antonio Miró Quesada—, se reunió para discutir la problemática de la nación, asumiendo, de esa manera, su tácita representación. El grupo tuvo entre sus miembros a una segunda generación de jóvenes profesionales y empresarios limeños. Algunos de ellos, como los Barreda, los Álvarez Calderón y los Pardo, eran herederos de las fortunas, en algunos casos mermadas, generadas por el guano; otros, como Alejandro Garland y Francisco Tudela y Varela, eran los frutos de una esmerada educación en el extranjero o de las reformas educativas llevadas a cabo por la administración de Manuel Pardo. Parte importante del grupo había estudiado en la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de San Marcos, fundada por el primer presidente civilista, y despuntaba, incluso, como Víctor Maúrtua, en el escenario de la diplomacia internacional (Paz Soldán, 1917, pp. 12-14, 50-51, 286, 271, 298-302, 382-383; Mc Evoy, 1994a, p. 314). Los que habían consolidado su posición y su prestigio en los años de la «prosperidad falaz» —como Manuel Candamo junto a otros que, como Ántero Aspíllaga y Augusto B. Leguía, lo habían hecho durante la «pax cacerista» o el gobierno de la Coalición— formaron un solo cuerpo en las tertulias del Club Nacional. Varios de los asistentes al majestuoso centro social limeño poseían un perfil que los hacía exhibir un aire familiar. En el grupo de «los 24 amigos» primaban importantes personajes capitalinos y provincianos, en menor medida818, que combinaban el éxito en la vida profesional, una decidida participación en las actividades cívico-políticas y el ejercicio de una cátedra universitaria en San Marcos. El modelo de «ciudadano republicano», tan anhelado durante el gobierno de Manuel Pardo, pareció tener importantes representantes dentro de la reducida tertulia de los viernes. Así, el afamado abogado Felipe de Osma y Pardo, vinculado por el lado de su padre con la rancia aristocracia española y por el de su madre, con la familia de un expresidente, fue diputado por Chota en 1895, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Romaña, miembro de la Sociedad de Beneficencia de Lima y catedrático de Derecho Fiscal en San Marcos. Por su parte, Enrique Barreda y Osma, dueño de una vasta negociación azucarera en la costa y tío del anterior, 372
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