La utopía republicana

Candamo, el «ilustre repúblico», en palabras de uno de sus biógrafos, «un espíritu educado en la austeridad y en la práctica de las más altas virtudes cívicas»816, sintetizó la esencia del modelo humano y político que el republicanismo conservador del temprano siglo XX intentó construir para el país. Si bien es cierto que el segundo presidente civil de la «República Aristocrática», el aristócrata arequipeño Eduardo López de Romaña, inauguró la tendencia anticaudillista, moderada, austera en el gasto fiscal y antidemagógica que se buscó institucionalizar, fue con Candamo que esta llegó a su esplendor y ocaso. El flamante presidente, un limeño cosmopolita, fino, educado y rico, pertenecía a aquella incipiente clase social, a caballo entre la alta y mediana burguesía urbana y la aristocracia terrateniente, que había venido creciendo a tumbos en medio de los conflictos y tragedias que tiñeron el último lustro del siglo XIX. Candamo —y el grupo que representó—, además de experimentar la humillante derrota peruana frente a Chile, fue testigo impotente de la desmembración del territorio nacional y del saqueo de la capital de la república. Para remontar una pérdida económica y de legitimidad política prácticamente irreparable, el grupo que otrora apoyara a Manuel Pardo debió aliarse, en aras de su sobrevivencia, con el despreciado y nunca bien ponderado militarismo. Con este rompió, algunos años después, cuando comprendió que sus opciones de acceder al poder eran nulas. La posterior alianza con Piérola, que le posibilitó proseguir con la consolidación económica iniciada durante el orden cacerista, le permitió, asimismo, acceder directamente a las altas esferas del poder. Desde estas fue eliminando, diestramente, una a una las piezas políticas opositoras, para finalmente dar el «jaque al rey» en las elecciones presidenciales de 1903. Una aproximación al grupo de «los 24 amigos», asociación fundada en el tardío siglo XIX por algunos núcleos aislados del Partido Civil, y que acogió en su seno a miembros representativos de las élites económicas e intelectuales, mayoritariamente limeñas, puede darnos cuenta de la mentalidad, soporte socioeconómico y programa político de los promotores del republicanismo conservador que ejemplificó el heredero de Manuel Pardo. El grupo de «los 24 amigos» nació el 28 de julio de 1892, como una tertulia político-social817. Religiosamente, todos los viernes, por más de una década, el prestigioso grupo —que aglutinó a banqueros, diplomáticos, comerciantes, intelectuales y profesionales de éxito, y de donde se reclutaron los cuadros dirigenciales de la maquinaria estatal del segundo civilismo— se congregó en la sede del exclusivo Club Nacional. 371

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