estrecharse los vínculos entre el civilismo y el presidente De Romaña, los demócratas comenzaron a ser desplazados de las diferentes esferas de poder de las que se habían posesionado. La trayectoria del desplazamiento demócrata de los núcleos de poder, largo y complejo proceso que demanda mayores precisiones y que constituye una de las revoluciones políticas más importantes del temprano siglo XX, ha merecido un importante ensayo historiográfico797. Para efectos de este trabajo solo mencionaremos los momentos más resaltantes del que consideramos el punto de quiebre del neorrepublicanismo de 1895. La humillante derrota de los demócratas en las elecciones municipales de 1900 —donde el civilismo se hizo de la alcaldía de Lima—, la pérdida en 1901 de la hegemonía demócrata en el Senado y la ratificación, en setiembre de ese mismo año, de la influencia civilista en el Gabinete de Cesáreo Chacaltana constituyeron —junto con el fracaso en las gestiones por articular un nuevo gabinete de Coalición— el primer acto del ocaso demócrata. Sin embargo, no fue hasta la designación en 1902 de una Junta Electoral Nacional, dominada en su totalidad por los civilistas, que el precario equilibrio dentro del bloque de gobierno empezó a favorecer a los débiles aliados de antaño. Así, en vísperas de las elecciones presidenciales de 1903, el civilismo no solo gozó de los favores del gobierno de López de Romaña, del control sobre el gabinete Larrabure Unanue y de la hegemonía en la todopoderosa Junta Electoral Nacional, sino que había logrado minar la cohesión interna de sus aliados798. En efecto, el abstencionismo electoral dictaminado en 1903 por Piérola a sus partidarios dio cuenta de la profunda crisis interna por la que atravesó el partido de gobierno en vísperas de la sucesión presidencial799. A pesar de la vigorosa oposición de ciertos núcleos parlamentarios demócratas, que incluso elaboraron un manifiesto revolucionario en el cual pedían a los contribuyentes que no pagaran los impuestos al gobierno de López de Romaña, fue irreversible la consolidación del civilismo en las diferentes esferas de poder. Para el otoño del decisivo 1903, el otrora poderoso reducto congresal de diputados demócratas había sido irremisiblemente neutralizado y era un secreto a voces que Manuel Candamo, el candidato civilista, sería el próximo presidente de la República800. El desplazamiento de los demócratas fuera del bloque de poder fue paralelo a un acercamiento del civilismo a los núcleos políticos caceristas. El 10 de julio de 1902, después de siete años de ausencia, el general Cáceres regresó al Perú para incorporarse a sus tareas políticas. El viejo 364
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