La utopía republicana

municipios se aproximaron, las luchas por el dominio de las mesas parlamentarias y las municipalidades se fueron intensificando. El equilibrio de fuerzas políticas de civilistas y demócratas —los primeros con predominio en senadores y los segundos, en diputados— hizo más intensa la pugna. Por otro lado, los ataques a los gabinetes ministeriales por parte del escindido grupo demócrata radical, encabezado por el líder regional Augusto Durand, complicaron incluso más la situación792. Así pues, los conflictos anteriores fueron el preludio de la gran controversia que ocasionó la sucesión presidencial. La tensa situación política que se vivía en el país y la presencia de partidas de montoneras en algunas partes del territorio nacional — promovidas estas por el exiliado general Andrés A. Cáceres— determinaron que, en aras de la «reconstrucción de la República», Piérola propusiera un «pacto de sucesión» presidencial. En carta abierta a sus partidarios, el presidente saliente creyó conveniente convocar, con la finalidad de elegir a un candidato presidencial único, a una convención nacional de las principales fuerzas partidarias del país793. Así, el sistema bipartidista, propiciado por Piérola y apoyado, en cierta medida, por el civilismo, consolidaría su alianza eligiendo dentro del «orden y la ley» al nuevo presidente de la República. Sin embargo, la propuesta de Piérola no obtuvo el éxito esperado; para muchos demócratas, aceptarla podía convertirse en una suerte de «suicidio moral» para el partido gobernante (Miró Quesada, 1961, p. 275). El planteamiento de los núcleos demócratas disidentes se centró en buscar expandir el bloque de gobierno a otras fuerzas políticas minoritarias; en pocas palabras, en ampliar el espectro republicano de la bipolaridad a la multipolaridad. No obstante, no prosperó la tendencia a expandir el espectro republicano mediante la incorporación de fuerzas de izquierda, como las representadas por el huanuqueño Augusto Durand, y de derecha, como las comandadas por el general Cáceres. La resistencia a someterse a la decisión convencionalista de parte del candidato presidencial del ala radical demócrata, Guillermo Billinghurst, junto con la transacción que con el nombre de «Concierto Electoral» llevó a cabo el civilismo con los sectores que apoyaban la posición del presidente de la República794, reformularon el balance de poder al interior del bloque de gobierno. Así, como producto del acuerdo sucesorio, el civilismo sacrificó la posibilidad inmediata de obtener el control del Ejecutivo, pero logró desplazar a los elementos extremistas —tanto de derecha como de izquierda— fuera del espectro 362

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