revivieron los feroces ataques contra el civilismo. Así, en los volantes dirigidos al «Pueblo de Lima», su autor anónimo se encargó de recordarles a los desmemoriados habitantes de la capital que el partido político que pretendía hacerse de la Presidencia de la República era culpable de todas las desgracias por las que había atravesado el país790. En medio de la fracasada guerra de palabras, Manuel Candamo, el candidato civilista, se hizo de la presidencia y este fue el capítulo final de una incruenta revolución política en la cual el civilismo no solo logró renacer cual «ave fénix», sino que consiguió monopolizar aquel poder político que por muchas décadas debió compartir con aliados «non gratos». El lento proceso de rearticulación del civilismo puede rastrearse hasta su complicada y ambigua alianza con Cáceres; sin embargo, no fue sino hasta la etapa de su asociación política con el gobierno de Nicolás de Piérola que el partido fundado por Manuel Pardo logró fortalecer sus núcleos organizativos. El 10 de mayo de 1896, en plena gestión coalicionista, se efectuó la primera reunión reorganizadora del civilismo en el Convento de Santo Domingo. En ese importante acontecimiento, en el cual se dieron cita los fundadores del civilismo histórico junto con una nueva generación de partidarios jóvenes, se hizo evidente que la base social de la asociación civil seguía estando entre las filas de la élite económica e intelectual del país, y que la figura tutelar de Manuel Pardo todavía era capaz de despertar una intensa respuesta política (Miró Quesada, 1961, pp. 251-258). En efecto, Manuel Candamo, congresista y miembro fundador del partido —y para muchos el heredero legítimo de Pardo—, puso de relieve la necesidad de mantener viva «la tradición» civilista. Para lograrlo era necesario destruir «a fuerza de sagacidad» todas las «imputaciones y prejuicios» que habían fragmentado al partido y que lo habían aislado del «pueblo» (Eguiguren, 1909). Candamo evidenció, también, las importantes coincidencias existentes entre su grupo político y sus aliados demócratas791. Así, dentro de un espectro republicano ampliado a otras fuerzas sociales organizadas, las tendencias civilistas y demócratas parecían converger en el gobierno de la Coalición. Un año después de pronunciado el discurso anterior, las luchas parlamentarias se encargaron de desmentir a los armónicos comentarios vertidos por el artífice de la reorganización civilista. En 1897, el conflicto intraélite institucionalizado en el Congreso retrató el tumultuoso ambiente político y la pugna por el poder que se vivía en las cámaras. En la medida que las elecciones para cambiar el tercio congresal y renovar los 361
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