La utopía republicana

arma de desestabilización política, además de servir de elemento corrosivo contra una administración que evidenciaba serios síntomas de agotamiento, proveyó de una potente voz a múltiples grupos provincianos. Así, no solo puso de manifiesto la violenta reacción nacional contra el creciente e incontrolable autoritarismo del régimen, sino que se constituyó en una peculiar manera de expresar disímiles agendas políticas locales, que se cobijaron debajo de una bandera constitucionalista que, aparentemente, defendía el poder de los fueros locales. La presencia activa en la dirigencia montonera de importantes caudillos regionales del norte, centro y sur de la república buscó probar, ante la opinión pública, que estos comandaban a un numeroso grupo de «ciudadanos armados» que luchaban por derechos y autonomías que les había sido injustamente arrebatados. La poderosa imagen anterior, junto con los destructivos golpes dados por la montonera contra los núcleos de poder cacerista, colaboraron en la toma de Lima y en el derrocamiento del régimen militar encabezado por el héroe de la Breña. Luego de que la Coalición se hizo del poder, un importante sector de políticos limeños inició un sutil y eficiente proceso de centralización política y de desactivación de los núcleos regionales. Así, paradójicamente, los antiguos aliados que mediante sus violentas acciones políticas colaboraron en el derrocamiento del orden cacerista, además de ser excluidos del disfrute de un poder político al que creían tener derecho, fueron privados de las autonomías locales, que habían logrado acumular durante años. Si bien es cierto que, en noviembre de 1894, la hegemonización pierolista del espontáneo movimiento regional de corte popular que colaboró en derrocar al cacerismo puede verse como el primer acto en el proceso de domesticación de los poderes locales, fueron la eliminación de la contribución personal, el debilitamiento de las Juntas Departamentales y la puesta en funcionamiento de la Ley Electoral de 1896 los elementos sobre los que se cimentó el proyecto centralizador limeño. En efecto, este comenzó a desgarrar tempranamente un proyecto político nacional que había nacido con el mejor de los auspicios. 647 El Comercio, 26 de marzo de 1895. 648 El Comercio, 30 de marzo de 1895. 649 Sobre los tintes populistas de la revolución coalicionista que derrotó al gobierno del general Cáceres ver Basadre (1983, VII, pp. 318-322). 650 Para este punto ver, por ejemplo, los editoriales de El Comercio de diciembre de 1894 a marzo de 1895. Por su parte, Basadre (1983, VII, pp. 310-311) da cuenta sobre la poesía y música popular que surgió durante esos años, y que muestra la importancia 345

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