vislumbrar las tendencias políticas fragmentadoras que marcarían todo el siglo XX peruano. En 1897 se produjo la primera escisión dentro del bloque gobiernista. El caudillo regional Augusto Durand, tenaz opositor de la Ley Electoral de 1896 y de la creciente presencia del Ejecutivo en los asuntos departamentales, se separó del Partido Demócrata y fundó, con un grupo de seguidores, el Círculo Independiente., de cuyas bases surgió, meses después, el Partido Liberal-Democrático con un vocero oficial, el diario La República. La ruptura entre Durand y el gobierno, además de hacer evidente el choque entre los poderes locales y Lima, puso de manifiesto cómo el simbolismo republicano fue trasladado, junto con su discurso constitucionalista, a nuevas tiendas políticas. En 1899, Durand, preludiando los feroces combates políticos que se sucedieron entre aquellos de la élite política peruana, abandonó el lenguaje formal y se lanzó a la guerra civil contra la administración que había colaborado en construir y que, paradójicamente, lo había traicionado. Las amargas frases que lanzó contra su antiguo aliado, Piérola, a quien caracterizó cómo el «legicida» inquilino del «fétido Palacio de Gobierno», quedaron flotando en una atmósfera política cada vez más enrarecida. La necesidad de confrontar a la poderosa maquinaria política cacerista determinó que los civiles se rearticularan en un nuevo bloque multipartidario: la Coalición, que nació como producto de la alianza entre los antiguos grupos civilistas, concentrados en la Unión Cívica y en los miembros del Partido Demócrata, liderado por el carismático Nicolás de Piérola. La tendencia hacia la desmilitarización de los espacios políticos, ocupados por las autoridades caceristas, corrió paralela con el resurgimiento de la vieja ideología republicana. La reaparición del discurso cívico-republicano, nutrido y fortalecido en tiendas del Partido Demócrata, estuvo unida a la puesta en funcionamiento de las viejas estrategias movilizadoras que lo caracterizaron. El fortalecido discurso «ciudadano» que reapareció con fuerza en importantes zonas urbanas del país buscó estimular, como una forma de desafiar al régimen cacerista, a los dispersos y fragmentados núcleos civiles nacionales. La imposibilidad de apelar a mecanismos políticos convencionales con el fin de disputarle el poder a la maquinaria oficial impulsó a un sector importante de la dirigencia coalicionista a utilizar una riesgosa estrategia política. La montonera, antecedente de la guerra de guerrillas y estrategia común en las luchas por la independencia, se erigió como el arma de combate político contra el orden cacerista. Aquella, peligrosa y eficiente 344
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx