La utopía republicana

arduamente y muestran su impotencia ante la sistemática liberación de delincuentes y criminales. La ausencia de gobernabilidad, por el egoísmo e irresponsabilidad de la clase política, aún nos persigue como una sombra. Sin embargo, el recuerdo de sueño republicano inacabado revive la esperanza de muchos, en especial en momentos de crisis. Más aún cuando estamos a punto de conmemorar el Bicentenario de la Independencia y resulta pertinente reevaluar nuestra trayectoria política, que nunca fue fácil. Este libro es un intento de adentrarnos en nuestra historia política para rescatar los aciertos e identificar los errores. Con la finalidad de proseguir con un experimento político que, como muy bien lo reconocieron sus gestores, estaba sujeto a la contingencia y a la perfectibilidad. Tal como ocurre con cualquier iniciativa humana. Henry David Thoureau nos recordó, en algún momento de su brillante trayectoria intelectual, que el pensamiento es nada sin el entusiasmo y la ilusión. El Perú venciendo obstáculos, a lo largo de su ruta republicana, es un ejemplo concreto de entusiasmo, creatividad y apuesta por la vida aún en las situaciones más amargas. Prosigamos instalando el conocimiento de nuestra historia política al igual que el entusiasmo por un futuro mejor. De esa manera haremos justicia a todos los que nos legaron una república, que algún día deberá adquirir los contornos de quienes la imaginaron; emocionados, pero también consternados de la inmensa responsabilidad que su apuesta traía consigo. En el libro que publiqué en 1997, debido a la generosidad del Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, que hoy lo reedita, aparece una larga lista de agradecimientos. Nombres de amigos, colegas e instituciones que me ayudaron desinteresadamente y a los que quiero volver a darles las gracias por su enorme generosidad. Junto con ellos, y acá debo de mencionar a Patricia Arévalo, quiero agradecer a mi familia, en especial a mis nietas que no aparecen en la larga lista de hace veinte años. Además de llenarme de alegría, Juliana y Emma me ayudan a mantener mi fe en un mundo más justo y más humano para ellas y para todos los niños que solo merecen amor y cuidado. La promesa de la república, tan relevante en estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, está estrechamente asociada a la ilusión de una joven nación que en su convulsionado nacimiento apostó por un futuro mejor. Agradezco a mis amigos, a mis colegas, a Sewanee y a mis lectores. Sin ustedes no seguiría bregando, luego de todo este tiempo, y muchos menos confiando que está en nuestras manos obtener el bienestar material que merecemos, pero, 34

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