junto con el gran arraigo popular exhibido por Piérola766, colaboró de manera indirecta en el fortalecimiento de un discurso político ambivalente frente a los resultados de la dolorosa guerra civil. En aquel se arremetía violentamente en una interminable guerra de papel contra Cáceres y su cúpula militar, al mismo tiempo que se defendía la concordia nacional y el familiarismo unificador del pasado. De esta manera, junto a las serias acusaciones contra el «aciago» Cáceres767, al cual los conciliadores dejaron partir hacia un exilio dorado en París, se empezó a hacer escuchar la tradicional invocación a la unidad de todas las fuerzas políticas peruanas, en aras de la construcción de un sólido edificio republicano. Un periodista capitalino sintetizó en un par de oraciones las características dispares de los soportes políticos del renovado proyecto republicano coalicionista; al mismo tiempo, añadió que solo cuando llegara el momento de distribuir las partes de esa compleja construcción política, podría efectivizarse la separación de sus grupos constitutivos, según sistemas y modos de gobierno768. Así, un nuevo bloque multipartidario, disímil y complejo, sirvió de cimiento al gobierno que Nicolás de Piérola inauguró el 8 de setiembre de 1895. UN NUEVO HOGAR PARA EL PERÚ En el discurso inaugural pronunciado con ocasión de su toma de mando, el presidente electo Nicolás de Piérola señaló que era deber fundamental de su gobierno construir «el hogar común» de todos los peruanos (Basadre, 1983, VII, p. 338). Así, Piérola —al igual que Manuel Pardo, Mariano Ignacio Prado y Andrés A. Cáceres en el pasado—, además de repetir el ritual fundamental común en la evolución de la cultura política peruana, debió iniciar su mandato presidencial con un país prácticamente en escombros769. El balance de la guerra civil fue sumamente negativo para la economía nacional. La agricultura de exportación y la minería, los dos pilares más importantes del modelo económico cacerista, fueron los sectores productivos que más sufrieron los intensos conflictos que por más de un año mantuvieron al país levantado en armas. Además, surgió el problema de la incapacidad de movilizar sus productos debido al bloqueo de los medios de comunicación. El estado de inseguridad total que reinó en todo el territorio nacional restringió, como consecuencia de la desconfianza general, las inversiones económicas. En la medida que el país languidecía, millares de hombres que vivían directa o indirectamente del laboreo en 338
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