La utopía republicana

constituidas»—, buscó propiciar «la destrucción de todo germen de discordias locales». En un documento adjunto al anterior el prefecto Ravines, exconstitucionalista plegado a la causa coalicionista, comunicó al nuevo gobierno civil que su gestión, al estimular la asociación de fuerzas políticas divergentes, estaba llamada a prestar importantes servicios a su provincia. Su actitud cohesionadora no solo lograría que desaparecieran en Chota «todo género de discordias», sino que favorecería la unión, en un «abrazo fraternal», de todos sus coprovincianos760. La Junta de Gobierno Multipartidaria que se nombró luego de que Cáceres abandonó discretamente el país con rumbo a Panamá estuvo presidida por el antiguo civilista Manuel Candamo, los constitucionales Luis Felipe Villarán y Ricardo Espinoza, y los demócratas Enrique Bustamante y Salazar y Elías Malpartida761. En la proclama que la Junta de Gobierno dio a la nación a los pocos días de constituirse, fueron relevados los reinaugurados conceptos de «paz y conciliación». La tarea fundamental que la junta se propuso fue la de proveer al país de un marco constitucional y legalista mientras se consolidaba el proceso de reconstrucción de los poderes públicos. La participación de todos los «ciudadanos» fue requerida para que la situación anterior pudiera hacerse efectiva762. Sin embargo, a diferencia del pasado rebelde en el cual los «ciudadanos armados» fueron estimulados a luchar por sus derechos, el ejército montonero y el cacerista fueron desmovilizados durante la etapa posrevolucionaria (Obín, 1901, p. 119). El proceso de desarme del ejército cacerista tuvo lugar en el puerto del Callao. Ahí, en ceremonia pública presidida por las autoridades civiles, se entregaron tres soles de plata a cada soldado que depuso las armas. En total fueron 1650 soldados los que se acogieron a la medida desmovilizadora. Aquellos, luego de recibir su «recompensa», fueron embarcados con rumbo al sur de la república763. Cabe anotar, asimismo, que la «domesticación» de la montonera realizada eficientemente por los políticos limeños tuvo su momento culminante, meses después de concluida la guerra civil, durante la investidura presidencial del antiguo montonero Nicolás de Piérola. En aquel momento, el civilista y presidente de la Junta de Gobierno, Manuel Candamo, mencionó claramente que una «transformación venturosa» había acontecido en la política peruana. En ella, el flamante presidente había «arrojado» de su memoria «los ingratos recuerdos de las antiguas luchas» y llegaba al poder con el firme propósito 336

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx