La utopía republicana

dramático escenario para la desintegración de un aparato estatal que había sido laboriosamente construido durante una década por civiles y militares. El pánico generalizado de los pobladores de una ciudad en tinieblas —el gasómetro, joya tecnológica del cacerismo fue perforado de dieciocho balazos— se debió, básicamente, a la ausencia de autoridades legítimas, capaces de reestablecer el orden en la capital del país. A pesar de que un grupo de vecinos limeños formaron una guardia urbana de 500 personas con la finalidad de contrarrestar el peligroso desborde social producido como consecuencia del ataque sobre Lima, aquella entidad civil no logró evitar la proliferación de robos y asaltos contra la propiedad privada. En tal contexto, fue que la solución conciliadora tempranamente propuesta por «Los Amigos de la Paz» logró resurgir con el soporte del Cuerpo Diplomático, la Iglesia y los partidos políticos. Un editorial del diario chalaco El Porvenir, publicado pocos días después de iniciado el ataque montonero sobre Lima, dio cuenta pormenorizada del inesperado desenlace «conciliador» que exhibió la violenta saga coalicionista755. Para el periodista de dicho diario, en «el noble anhelo de salvar» a la capital de la república, los enemigos irreductibles de antaño, coalicionistas y caceristas, aceptaron los hechos como las circunstancias los habían impuesto, cediendo cada uno «algo de su parte» en aras de evitar «el sacrificio humano», la «destrucción de la ciudad» y los «síntomas deplorables» peligrosamente exhibidos por Lima756. En pocas palabras, ante la evidente amenaza de una violencia social descontrolada, un nuevo aggiornamento político cocinado en las altas esferas de poder limeño e internacional757 logró efectivizarse en las narices de los caudillos regionales758. De este emergió no solo la Junta de Gobierno limeña encargada de asumir el control del maltrecho aparato estatal peruano, sino un «velo sobre el pasado» para evitar las recriminaciones que pudiera producir «l imprudente deseo de escudriñarle»759. Así, el olvido y el «borrón y cuenta nueva» cumplieron, una vez más, la función de bálsamo medicinal con el fin de aliviar las profundas heridas de un tejido social desgarrado. Los ecos del discurso conciliador articulado en Lima llegaron a las provincias del interior. En Chota, provincia cajamarquina, vecinos de la zona se organizaron en un frente político multipartidario, el «Club Demócrata Restaurador», que además de hacer evidente su adhesión a «los bien entendidos intereses de la República» —el respeto por el orden, el amor al país y la «sumisión» a las autoridades «legalmente 335

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