básico que debieron enfrentar «Los Amigos de la Paz», grupo comandado por Carlos Elías, exaliado de Cáceres, fue capturar el poder y al mismo tiempo evitar que este, al derrumbarse estrepitosamente, favoreciera las agendas políticas de los Seminario, los Durand o los del Solar. En pocas palabras, lo que se buscó fue remover el gobierno de Cáceres, evitando que Lima perdiera su poder hegemónico en el camino. Las frustradas conversaciones sostenidas entre enero a marzo de 1895, entre el grupo de limeños capitaneado por Elías y el intransigente presidente Cáceres, debieron ceder el paso, desgraciadamente para los «conciliadores», a la temible e inmanejable solución violenta representada por Piérola y los jefes regionales. A partir de noviembre de 1894 la dirigencia montonera inició lo que se denominó el proceso de «aproximación» sobre Lima. Ya desde setiembre de ese mismo año las fuerzas gobiernistas comandadas por el prefecto limeño Pedro Muñiz habían intentado, sin éxito, detener los avances montoneros sobre la capital de la república (Obín, 1901, pp. 52, 55-56). Las conversaciones sostenidas entre la cúpula coalicionista en Iquique (Chile) y el arribo al Perú, en octubre de 1894, de su líder Nicolás de Piérola, contribuyeron a acelerar dramáticamente los acontecimientos políticos. La desafiante proclama de noviembre expedida en Chincha por Nicolás de Piérola, además de desconocer todo contrato realizado entre el general Cáceres y los gobiernos de otros países, desautorizó la emisión de bonos u obligaciones ejecutadas por el «régimen usurpador»750. Así, el líder de la Coalición intentó, mediante su conocido discurso constitucionalista, bloquear el flujo de fondos a la maquinaria estatal del cacerismo, erigiéndose, en consecuencia, como el representante legítimo de la nación. La radicalización del movimiento rebelde no se circunscribió tan solo a la simbólica guerra de palabras entre legitimistas y usurpadores. En enero de 1895, el ejército coalicionista del sur logró ocupar el inexpugnable bastión gobiernista de Arequipa; ya en febrero, Piura, la mayor parte de Puno y Cusco, Huaraz y Moquegua cayeron en manos de las fuerzas rebeldes751, y en los primeros días de marzo de aquel decisivo año, las fuerzas coaligadas, acantonadas en la ciudad serrana de Matucana, iniciaron el descenso a la costa central con el objetivo de posesionarse de la capital de la república. El sábado 16 de marzo, las columnas montoneras del norte, centro y sur del país iniciaron el proceso de ocupación de Lima. Ese día se movilizaron 333
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