gran número de personas «decentes y conocidas», entre las que destacaban médicos, maestros, agricultores, comerciantes y empleados, aproximadamente unos 150 individuos, habían tomado las armas a favor del movimiento político jefaturado por Piérola (Obín, 1901, p. 60). Una aproximación a algunos núcleos montoneros puede permitirnos observar que, más allá de los conceptos unificadores que se buscó imponerles, fue la diversidad la que primó en el seno de estas potentes y destructivas maquinarias políticas locales. En efecto, las montoneras evidenciaron una conformación social variopinta. Así, las vanguardias montoneras estuvieron compuestas por empleados públicos provincianos descontentos con la administración, quienes, ante el derrumbe del régimen, se plegaron, en busca de un destino, a las columnas de rebeldes; peones de las haciendas, básicamente costeñas, quienes se vieron obligados a correr la suerte de sus respectivos patrones; militares indefinidos, descontentos con la reorganización del ejército llevada a cabo por el cacerismo; e incluso presos que, ante la carencia de una alternativa mejor, se unieron a los contingentes coalicionistas734. El reclutamiento de los vecinos de los lugares ocupados se convirtió en una práctica común entre las fuerzas rebeldes. Ese fue el caso de la columna montonera puneña, descrita por una de las autoridades políticas de la zona. Aquella, que ascendió a 600 hombres, divididos en varios batallones de infantería con los nombres de «Puno No. 1», «Punzan No. 2» y el significativo «Vengadores de Taquile», en clara alusión al lugar donde se recluía a los rebeldes, estuvo conformada, casi en su totalidad, por gente que se reclutó en Puno y sus alrededores735. En informes llegados a Lima desde Tacna incluso se sugirió que las fuerzas de la coalición no solo se habían visto engrosadas por varios peones provistos por los hacendados del Valle, sino que muchos extranjeros, entre ellos chilenos, habían sido «enganchados» en las columnas rebeldes736. Las fuerzas de gendarmería fueron, asimismo, pasto para la campaña de reclutamiento masivo llevada a cabo por los revolucionarios737. La pérdida de la lealtad de gendarmes y guardias civiles hacia el régimen cacerista estuvo estrechamente relacionada con su incapacidad de hacer frente a sus obligaciones con las fuerzas represivas locales738. En algunas zonas del país una ardua tarea de preparación política antecedió al ataque montonero. A los simpatizantes provincianos, miembros del Partido Demócrata o de la Unión Cívica, se les encargó la puesta en marcha de una intensa propaganda a favor de la causa 327
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