primaba la influencia de políticos y congresistas jefaturados por el arequipeño Mariano Nicolás Valcárcel y el clan de los Del Solar. Sin embargo, la generalización del fenómeno montonero a nivel nacional exhibió tintes regionalistas, conectados no solo con las fortalecidas Juntas Departamentales, sino con la resurrección de los ideales federalistas predicados tímidamente por los demócratas732. En la zona norte, Augusto Seminario y Vascones, militar y agricultor, fue nombrado jefe político militar de su zona. Seminario, jefe del Partido Demócrata en Piura, era pariente del odiado prefecto del mismo departamento, Fernando Seminario. En la región norteña, los conflictos nacionales adquirieron tintes de una lucha intrafamiliar. La campaña político-militar que Augusto Seminario desató tuvo por finalidad la consolidación del coalicionismo en los espacios regionales bajo su control. Para llevar a cabo sus metas, Seminario contó con la ayuda de su importante y prestigioso clan familiar. En efecto, sus principales colaboradores y, probablemente subvencionadores, fueron los hijos de su hermano Manuel, un congresista estrechamente ligado al civilismo histórico. Los hijos de Manuel: Ricardo, Oswaldo, Edmundo y Felipe, dueños en conjunto de la importante negociación agrícola de Pabur, desempeñaron las jefaturas de las diversas columnas montoneras, que pusieron en jaque a la administración de Cáceres en el norte del país y que incluso colaboraron en la toma temporal de Trujillo y de Cajamarca733. Los contingentes montoneros englobaron un universo social variopinto con agendas políticas no necesariamente coincidentes. Así, en la lucha contra el orden cacerista, hacendados como los Seminario, los Del Solar y los Durand, o políticos profesionales como el civilista Pedro Arana o el revolucionario Pacheco de Céspedes, acaudillaron a grupos sociales heterogéneos que incorporaron sus propias demandas locales dentro de la plataforma constitucionalista nacional. Sin embargo, la necesidad de mostrar una unidad frente al orden cacerista empujó a la dirigencia a construir un discurso cohesionador capaz de proveer una personalidad colectiva a aquellos complejos conglomerados sociales. Aquella personalidad unificadora debió guardar coherencia con el revivido discurso cívico-republicano. Así, en la provincia de Aymaraes, departamento de Apurímac, el exsenador Julián Niño de Guzmán, miembro de una de «las principales familias del departamento», encabezó, según un propagandista del coalicionismo, un «movimiento popular de 320 ciudadanos» (Obín, 1901, p. 53). En Chincha, por otro lado, la misma fuente señalaba que un 326
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