al gobierno de Cáceres y al Partido Constitucional que dicho general jefaturaba, se habían plegado a la «Coalición», fusilando al subprefecto provinciano. El comportamiento anterior que, en palabras de los pachinos «piteaba» su «constitución y sus sagrados derechos», determinó que la Villa de Pachas intentara no solo acaudillar a otros distritos y villas en su lucha contra los rebeldes, sino que buscara hegemonizar el poder provinciano mediante la monopolización de la violencia. La solicitud de 150 rifles, los que serían distribuidos por los habitantes de Pachas entre las fuerzas leales al régimen, especialmente ellos mismos, nos dice mucho de las serias alteraciones en el precario balance de poder local, que la revolución coalicionista provocó en las zonas más alejadas del país. A pesar de que el análisis del accionar de la montonera coalicionista podría dar la idea, ciertamente válida, de que dicho movimiento gozaba de una alta dosis de autonomía de la libertad en su comportamiento político, un acercamiento a la organización y a la conformación social de sus vanguardias político-militares puede permitir analizar a una entidad policlasista y jerárquicamente organizada. Así, la montonera coalicionista intentó traducir de manera concreta, y hasta cierto punto extremista, el concepto cívico-republicano que los demócratas habían resucitado. En tal contexto, la montonera aglutinó a un puñado socialmente heterogéneo de «ciudadanos armados», los que, ante el bloqueo de los métodos legales de acceso al poder, debieron participar activamente y de manera violenta en la defensa de derechos constitucionales que les habían sido arrebatados. De manera clara, Piérola, señaló en su proclama política de Chincha, el 4 de noviembre de 1894, que el «pueblo peruano» se vio en el «deber ineludible» de «restablecer por la fuerza» lo que la fuerza le «había arrebatado»730. Debemos recordar, sin embargo, que la conducción de estas acciones constitucionalistas estuvo, nominalmente, en manos del Congreso y de los partidos políticos. Desde el inicio de las acciones políticas de la Coalición, el país fue dividido en tres regiones: norte, centro y sur, que contaron con sus respectivos jefes políticos-militares731. La dirigencia montonera recayó, básicamente, sobre personalidades prestigiosas relacionadas con el Partido Demócrata, con el Partido Civil y con el grupo congresal, acaudillado por Nicolás Valcárcel. Carecemos de trabajos específicos sobre la conformación sociopolítica de la montonera coalicionista, pero podríamos afirmar de manera muy general que el norte estaba, mayoritariamente, bajo liderazgo demócrata; el centro, bajo el civilista-demócrata, y en el sur 325
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