La utopía republicana

cometer actos de extrema crueldad contra los rebeldes, fue el paradigma de los límites a los que llegó el autoritarismo político, inaugurado en 1886716. Una aproximación a las descripciones de los ataques de las montoneras, entre ellas la norteña, que puso en jaque al gobierno prefectural de Fernando Seminario, nos puede permitir explorar la forma de operar y los métodos que exhibieron las vanguardias políticas coalicionistas, cuya meta principal fue derrocar a la maquinaria cacerista provinciana, provocando la acefalía de poder en los gobiernos locales. Por los informes prefecturales del año 1894 podemos concluir que la característica más resaltante de la montonera provinciana fue su violencia y su capacidad de sorprender y descolocar al enemigo. Así, en el distrito norteño de Guadalupe, «la irrupción fue tan impetuosa que del empuje primero» los atacantes «llegaron hasta las mismas bocacalles de la plaza principal». Allí, luego de presionar a las autoridades para que abandonaran sus puestos, los montoneros dieron vivas a Nicolás de Piérola, posesionándose, acto seguido, de las oficinas administrativas y de las líneas del ferrocarril717. En Pacasmayo, provincia del departamento de Chiclayo, la «violenta e inesperada irrupción» de la montonera comandada por Teodoro Seminario y José María Salcedo encontró a una ciudad desguarnecida718. En varios de los casos reportados por las autoridades, las cárceles fueron abiertas por los rebeldes y los presos fueron liberados. Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, en el distrito de San Pedro, en la región norte de Huaraz, y en Cerro de Pasco, en la zona central del país, en donde Durand buscó convencer a muchos de los presos para que se unieran a sus filas719. La prolongación del ataque montonero y el número de los atacantes guardaba estrecha relación con la capacidad de resistencia del bastión gobiernista. Así, mientras que en el distrito norteño de Guadalupe el ataque se resolvió en unas cuantas horas, en Chincha el sitio a la ciudad duró desde las cinco de la mañana hasta las siete de la noche720. Dependiendo del éxito obtenido, los montoneros procedían a ocupar la ciudad, echar a las autoridades —en algunos casos extremos, amenazarlas de muerte o a fusilarlas721— y a establecer, como en el departamento de Piura, el cobro de derechos sobre alguna renta local722; caso contrario, se replegaban por caminos inaccesibles, dejando a sus muertos sepultados723. Cuando la posición atacada lograba consolidarse era usual dejar allí un destacamento rebelde y proseguir el avance a otras zonas cercanas. Eso fue lo que ocurrió luego de que Durand tomó Huánuco y luego de que la 323

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