La utopía republicana

aludió no solo a la «imposibilidad material» que tenía su gestión de pagar a los pensionistas del Estado, sino a la lamentable situación en que se hallaban las fuerzas representativas bajo su comando708. En consecuencia, lo anterior impedía que el prefecto recaudara eficientemente las contribuciones departamentales709. La desintegración de las fuerzas políticas de la administración gobiernista, muchas de las cuales habían iniciado un proceso de deserción en masa a las filas coalicionistas, fue el más grave problema que heredó la gestión del prefecto Delfín710. La crisis económica y política, que facilitó la ocupación rebelde de un importante espacio regional, no fue privilegio tan solo de Huánuco. El desmoronamiento del orden cacerista se sintió en muchas ciudades importantes del país711. El oficio del 22 de agosto de 1894, cursado por el gobierno a todos los prefectos y subprefectos nacionales para que señalaran claramente el nombre de los empleados públicos que se habían plegado al movimiento coalicionista, nos puede permitir observar el grado de deterioro político que exhibió el régimen presidido por Cáceres durante el violento año de 1894712. La militarización del aparato estatal adquirió niveles alarmantes durante la segunda presidencia del general Andrés A. Cáceres. En la medida que los ataques de las montoneras coalicionistas se incrementaron, las más importantes prefecturas del país fueron ocupadas por militares, entre ellos algunos breñeros de línea dura713. El aparato represivo implementado por estos, junto con las exacciones que fue necesario extraer de las poblaciones provincianas para subvencionar la guerra, contribuyeron en potencializar el descontento general contra el régimen714. En Piura, donde la montonera logró sucesivos éxitos, el nombramiento del prefecto Fernando Seminario en medio de la guerra civil «enconó los odios y encendió las pasiones»715. El exmilitar Seminario, hacendado y miembro importante de la maquinaria política norteña, poseía experiencia en el gobierno local y nacional. Durante la Guerra del Pacífico, Seminario ocupó la prefectura piurana, y algunos años antes representó a su departamento ante el Congreso de la República. Esa experiencia, tan cara al discurso continuista del cacerismo, junto con su carácter intransigente frente a los rebeldes, le ganaron la confianza del presidente. En la puesta en marcha de la represión en los departamentos del norte, Seminario se enajenó a gran parte de la población piurana. Su cerrada actitud de defensa del cacerismo que lo llevó, según un corresponsal de El Comercio, a 322

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