Augusto Bedoya, colaboró en intensificar la militarización y el fortalecimiento del aparato represivo cacerista en los departamentos del sur. Así, la flamante autoridad política tacneña dio inicio a un febril proceso de detención y traslado de los rebeldes montoneros capturados a la isla puneña de Taquile. Los métodos punitivos de Bedoya no impidieron, sin embargo, que las fuerzas que apoyaban a la «Coalición» siguieran atacando el departamento bajo su mando. El 11 de setiembre, luego de asegurarle al gobierno, mediante un detallado oficio, el absoluto control político-militar que ejercía sobre su zona, el prefecto puso de manifiesto cómo las activas montoneras sureñas —dirigidas por el revolucionario cubano Pacheco de Céspedes y el hijo del vicepresidente derrocado, el hacendado costeño Amador del Solar— merodeaban amenazadoramente los alrededores de Tacna706. Huánuco fue una importante ciudad del interior donde el gobierno de Cáceres perdió tempranamente el control político-militar en favor de las montoneras. El 20 de agosto del conflictivo año de 1894 la montonera organizada y encabezada por el ya conocido Augusto Durand logró, después de derrocar al prefecto cacerista Ruperto Delfín, hacerse del control político de aquel estratégico departamento. Luego de la toma de Huánuco, los rebeldes, acaudillados por Durand, además de constituir un «Estado Mayor Revolucionario», ente articulador de las acciones coalicionistas en la zona central de la República, procedieron al nombramiento de nuevas autoridades políticas y avanzaron hacia la capital del departamento de Pasco, la rica ciudad minera de Cerro de Pasco707. Por lo inesperado de su accionar, en el descolocamiento del rival la montonera coalicionista huanuqueña evidenció, en su lucha contra «el gobierno usurpador», representado por Delfín, su eficiencia políticomilitar. No debemos olvidar que fue Cáceres, paradójicamente, quien usó aquel tipo especial de movilización política contra las fuerzas invasoras chilenas, que se remontaba, como hemos observado anteriormente, hasta los años de las luchas por la independencia. Sin embargo, más allá de las ventajas, que como forma de presión política exhibió la montonera, la caída de Huánuco mostró dramáticamente la precariedad de las bases que sostenían al orden militar cacerista. Algunos meses antes al ataque coalicionista, la debilidad económica y la crisis política por la que atravesaba el departamento de Huánuco fueron puestas en evidencia. En efecto, en carta al gobierno, fechada el 10 de febrero de 1894, Samuel Palacios Mendiburu, el prefecto que Delfín se encargó de reemplazar, 321
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