Bentín y Guillermo Billinghurst; hacendados, como el iqueño Benjamín Boza y los norteños Augusto Seminario y Vascones e Ismael Muro; profesionales de renombre, como el abogado Manuel Pablo Olaechea, el médico Ricardo Flores y el ingeniero y futuro defensor de las causas indígenas, Joaquín Capelo, conformaron —junto a un numeroso contingente popular, entre los que destacó el importante gremio de cocheros de Lima— la columna vertebral del partido que se percibió a sí mismo como el heredero y portador del discurso cívico-republicano (Miró Quesada, 1961, p. 192). Fue, probablemente debido a la capacidad de llegada que tuvieron los demócratas a los sectores populares de Lima y provincias y al carisma que emanaba su líder —el controversial Secretario de Hacienda de Balta, Nicolás de Piérola—, que Unión Cívica los incorporó en la coalición pluripartidaria encargada de confrontar al régimen militar. El peso del poder simbólico y político que exhibían los demócratas se puso de manifiesto cuando su líder, el reinventado republicano Nicolás de Piérola, fue nombrado jefe de la «Coalición» con el destacado título de «Delegado Nacional y Defensor de la Constitución del Estado y de la Verdadera Democracia»692. La situación de abierta pugna entre la Coalición Cívico Demócrata y el aparato militar cacerista llegó a su punto culminante el 1 de abril de 1894. Ese día —previsto para la ronda inicial de las elecciones en que se votaría a los miembros de los Colegios Electorales, limeños y provincianos— falleció el mandatario saliente, Remigio Morales Bermúdez. La situación de acefalía del Ejecutivo, provocada por la muerte natural del jefe de Estado, fue aprovechada por el general Cáceres. Así, en una decisión política claramente anticonstitucional, Cáceres presionó para que el Poder Ejecutivo pasara temporalmente a manos de otro de los miembros de la maquinaria militar cacerista, el segundo vicepresidente de la República, coronel Justiniano Borgoño. Lo anterior se debió no solo al resquemor que causaba entre los miembros de la cúpula militar el hecho de entregar el control del Ejecutivo a un exdemócrata, el vicepresidente Pedro Alejandrino del Solar —activo defensor en el pasado del pierolismo, e incluso un cercano colaborador de Piérola durante la década de 1870693— sino que para favorecer el triunfo del viejo general ayacuchano en las elecciones presidenciales, programadas para ese año, era necesario el control absoluto de los «resortes del poder». Estos fueron capturados por Cáceres la misma noche que Morales Bermúdez falleció694. 317
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