Durante los años de la «Reconstrucción», Piérola y sus seguidores mantuvieron vivo el discurso cívico-republicano que precedió a la Guerra del Pacífico. Así, a pesar de que el gobierno del «bloque constitucionalista» (1886-1894) tendió a mantener los rituales cívicos, obviando el complicado trámite de la participación política ciudadana, no se extinguió la herencia republicana democratizante, usufrutuada en la década de 1870 por el Partido Civil, cuyos herederos fueron, paradójicamente, los miembros del Partido Demócrata. Este, liderado por el enemigo acérrimo del civilismo, el eterno revolucionario Nicolás de Piérola, recreó el discurso ciudadano que caracterizó las luchas políticas que precedieron a la guerra. En el período de la «pax cacerista» el republicanismo se nutrió y rearticuló en tiendas demócratas. Un análisis de los aspectos doctrinarios y de la praxis política del Partido Demócrata, durante el período que va de 1884 a 1894, puede brindar luces sobre el resurgimiento en los años de la «Reconstrucción» del republicanismo democratizante, que precedió a la Guerra del Pacífico. En la década de 1870, el discurso de Piérola, ideólogo y organizador del Partido Demócrata, evidenció tendencias populistas, que lo emparentaban con la vertiente radical del republicanismo auroral677. No fue sino hasta el decisivo período de la Reconstrucción que las doctrinas demócratas encontraron un punto de convergencia con el republicanismo-cívico que el Partido Civil había logrado reavivar, veinte años antes. Para que la anterior situación pudiera producirse debió ocurrir un reciclaje en la praxis política de Piérola y sus seguidores. Así, el proceso electoral y las prácticas democráticas fueron vistos por los antiguos revolucionarios como el único camino viable para obtener el poder678. Las transformaciones metodológicas y programáticas de los demócratas corrieron paralelas con una apropiación de los elementos ideológicos del primer civilismo. En tal contexto, el concepto de ciudadanía y de participación ciudadana fueron revaluados y presentados ante la opinión pública como armas fundamentales del combate político. En vísperas de las elecciones de 1890, Piérola en un importante documento partidario, «Doctrinas Demócratas», señaló claramente cómo la inexistencia de ciudadanos hacía prácticamente imposible la construcción de la república. Esta, si quería funcionar realmente, debería albergar a individuos conscientes no solo de que el interés de cada uno debía ser solidario con el de los demás, sino de que la indiferencia y la omisión en la participación política cooperaban con la «audacia dominadora»679. Cabe anotar, 314
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