La utopía republicana

política que comenzó a vivirse en numerosas municipalidades del país667. En algunos casos, aquella febril actividad fue un reflejo de lo que ocurría en Lima; en otros, respondió a la dinámica de las luchas políticas locales668. En el distrito de Santa María del Valle, perteneciente a la provincia de Huánuco, la confrontación entre los partidarios del gobierno y los miembros de la oposición revivió los argumentos ideológicos del pasado. En el oficio que, con motivo de los enfrentamientos, fue enviado a Lima por un grupo de vecinos santamarinos adscritos al régimen cacerista, aquellos subrayaron que los grupos de la oposición del pequeño distrito huanuqueño estaban sacrificando «los sagrados intereses de la Patria» ante «egoístas y bastardos intereses de un círculo político»669. Así, la dicotomía entre unitarismo patriótico versus faccionalismo anarquizante, elemento fundamental en la construcción de la ideología militarista, volvió a ser un lugar común dentro de las luchas políticas nacionales. La respuesta de la administración militar a los avances políticos civiles fue una gestación de un «movimiento de opinión» tendiente a apoyar la disolución del Congreso. Entre 1893 y 1894, la campaña para disolver el Congreso, como medio de garantizar la paz interna de la república, se intensificó y adquirió dimensiones nacionales670. La «cuestión plebiscitaria», como llamó el gobierno al movimiento tendiente a eliminar a un importante rival político, fue tema de intensos debates no solo en Lima sino en provincias. En Puno, por ejemplo, las autoridades gobiernistas convocaron a una reunión «ciudadana» en la que, luego de «procesión» a lo largo de las principales calle de la ciudad, seguida de violentos discursos contra «la Representación Nacional», un grupo de vecinos puneños firmaron una carta política dirigida al presidente de la república, en la que se le urgió a que disolviera el Congreso de la República671. El ritual puneño fue repetido de forma intermitente en otras ciudades del país672. En el crucial año de 1894, además de evidenciarse claramente las intenciones de Cáceres de continuar con el proceso de consolidación del aparato político-militar, que había colaborado en crear la crisis, se volvió inocultable el aislamiento político de la administración de su protegido Morales Bermúdez. Las sucesivas renuncias de los gabinetes ministeriales, los conflictos entre el gobierno y los núcleos congresales, la crisis del modelo económico liberal y la reemergencia de los faccionalismos locales, potencializados por las disputas municipales y las elecciones congresales y presidenciales de 1894, complejizaron aún más los enfrentamientos políticos entre el aparato militar gobiernista y los 311

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