La utopía republicana

ser uno de los más reputados de la capital. Manzanilla fue uno de los representantes de las clases profesionales que se vigorizaron durante la «pax cacerista». El ensanchamiento de las actividades comerciales, debido a las amplias perspectivas que surgieron para las actividades exportadoras, el comercio y la industria, fortalecieron a ciertos sectores profesionales, entre ellos, los abogados664. Muchos de estos se adscribieron al movimiento político de corte cívico opuesto al régimen militar. Sin embargo, como veremos más adelante, los núcleos urbanos cooptados por la Unión Cívica fueron sumamente frágiles para oponer una resistencia efectiva al amenazador militarismo. Fue por lo anterior que la alianza estratégica entre «cívicos» y demócratas fue de vital importancia. En efecto, solamente un partido como el acaudillado por el tradicional enemigo del civilismo, Nicolás de Piérola, logró proveer a la resistencia civil de los contingentes populares y de «fuerza de opinión», elementos indispensables para derribar al orden cacerista. La promulgación de la Ley de Municipalidades de 1893 colaboró a agudizar el enfrentamiento entre el Ejecutivo y los grupos civiles que se fueron articulando lentamente en todo el país. Dicha ley, promulgada por el presidente del Congreso sin el aval del Ejecutivo, fue un claro intento, por parte de los congresistas civiles, de cooptar la organización municipal. La intención era muy obvia. En las municipalidades se formaban los registros electorales y se expedían las boletas de sufragio, elementos fundamentales para llevar a cabo el proceso electoral. Así, las municipalidades, pequeñas células constitutivas de un fragmentado y complejo aparato electoral, fueron utilizadas por la Unión Cívica como elementos de presión contra los núcleos gobiernistas provincianos665; al mismo tiempo que como un escenario político alternativo en la lucha contra el Ejecutivo. En numerosas provincias del país, los conflictos entre las «Juntas de Notables» —auspiciadas por el cacerismo— y los grupos civiles —favorables al momento congresal— fueron el preludio a los violentos choques que tuvieron lugar, un año después, durante las elecciones presidenciales de 1894666. Municipios distritales como los de Santa María del Valle Ambo, Panas, Huacho, Canta y Puno, por mencionar algunos, fueron la caja de resonancia de los enfrentamientos políticos limeños. En tal contexto, la toma sorpresiva de los locales municipales, el desalojo de los «usurpadores» de ambos bandos, las reyertas callejeras y la ocupación violenta de los espacios públicos evidenciaron la intensa movilización 310

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