La utopía republicana

política peruana. El retorno al país del general Andrés A. Cáceres, el 7 de mayo de 1892, mostró no solo las intenciones políticas del expresidente, sino que estimuló la reorganización y revitalización del Partido Constitucional a nivel nacional662. De esta manera, el proceso electoral previsto para 1894, y en el que Cáceres obviamente participó, además de enfrentar a los núcleos congresales civiles comandados por Valcárcel y a los núcleos militares fieles a Cáceres, recreó el discurso ideológico y la organización política civilista que preludió a la Guerra del Pacífico. En efecto, la Unión Cívica, además de articular un poderoso discurso antimilitarista, estructurar una dirigencia multipartidaria representativa de los diversos sectores de la élite económica e intelectual de Lima y provincias y utilizar la esfera pública para confrontar al régimen militar, irradió su influencia a otros sectores de la sociedad urbana. Fue por lo anterior que el 27 de noviembre de 1892, fecha en que se oficializó la instalación de la Unión Cívica, 3249 simpatizantes de Lima y provincias suscribieron su acta de fundación, junto con el núcleo parlamentario adverso al cacerismo. La Unión Cívica mostró su poder de convocatoria entre los «sectores medios» urbanos, tanto de Lima como de provincias. Así, junto a ricos propietarios de la sierra central, como los hermanos Olavegoya; banqueros como Aurelio Denegri; hacendados como Ismael de la Quintana y Antero Aspíllaga; agentes de aduana y comerciantes como Elías Mujica y Guillermo Rey; catedráticos universitarios y diplomáticos como Felipe de Osma, Manuel Álvarez Calderón y Octavio Tudela, la «Unión Cívica» logró convocar a sectores profesionales urbanos (Miró Quesada, 1961, p. 223; Paz Soldán, 1917, pp. 13, 292,337). Uno de los oradores principales en la ceremonia de instalación de la flamante asociación cívica, el iqueño José Matías Manzanilla, estudiante de abogacía y profesor de historia en el Convictorio de San Carlos, puede ejemplificar a los grupos sociales urbanos emergentes, a los cuales lograron convencer los planteamientos políticos de la «Unión Cívica». El provinciano Manzanilla, futura figura política civilista del temprano siglo XX, pudo concretar, en los años de la Reconstrucción, una fulgurante carrera en el campo de la enseñanza y del derecho. Compañero en la Universidad de San Marcos de importantes políticos y de intelectuales de la talla de Javier Prado, Augusto Durand y Juan Francisco Pazos, Manzanilla descolló profesionalmente, haciéndose de un lugar importante en la práctica del derecho civil y penal en Lima663. Así, su estudio logró 309

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