La utopía republicana

intelectual que fue capaz de disputarles el control del Estado. El combate electoral de ese año tuvo dos contendores muy bien definidos. De un lado una burguesía reformista, que funda un partido moderno para luchar por lo que pensaba le pertenecía por derecho de trabajo, y del otro, los militares y sus aliados estratégicos, quienes defendieron una posición adquirida por derecho de guerra. Lo que estaba en disputa, en realidad, era el dominio político, económico y cultural del Perú. Porque era en el seno del Estado donde se resolvían los asuntos de los cuales dependía la sobrevivencia de una clase expuesta a los vaivenes de un sistema inoperante. El momento no pudo ser más oportuno que la década de 1870. Mientras el guano que generaba el sustento económico de la República militarizada —de naturaleza patrimonial— dejó de atraer el interés de los centros económicos mundiales, la burguesía peruana estaba en control de otros recursos económicos estratégicos, entre ellos, azúcar, algodón, minerales, salitre y finanzas; contaba, además, con un modelo político para el Perú de la etapa posguano. El asociacionismo político que Lima propone como método para obtener el poder fue una condena abierta a las prácticas impuestas por los militares. Al ser la civilidad la auténtica sociabilidad de la República era necesario hacer de ese concepto el fundamento de la sociabilidad nacional. Esa cruzada civilizadora se originó en Lima. Cabe recordar que en la etapa de la republica militarizada fueron los pueblos en armas, y no la capital de la república, los que definieron el rumbo político del país. De la larga lista de militares que gobiernan el Perú luego de la independencia solo uno de ellos, José Antonio Pezet, era limeño. El proceso de construir una nueva representación de la nación concebida no solo como sociedad de derecho, sino como una sociabilidad dependiente de una cultura urbana, en el Perú exhibe antecedentes en la Independencia. Revisando La utopía republicana vuelvo a la figura de Juan Espinosa, cuyo Diccionario Republicano para el Pueblo (Espinosa, 2001 [1855]) definió el vocabulario clásico del republicanismo, relanzando la apuesta política que siguió a la independencia. Soldado durante la emancipación y fundador de la Sociedad Independencia Electoral — el grupo político que sirvió de núcleo inicial del Partido Civil—, Espinosa mencionó la situación subordinada de los indios, siguiendo con la línea planteada por Juan Bustamante (Mc Evoy, 2001). Hacia mediados del siglo XIX el republicanismo exhibió una dimensión social, que abogaba por la dignificación del indio, del trabajo y en la mejora de las condiciones de 31

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