La utopía republicana

Iglesias-Cáceres, Valcárcel ejerció la diputación de la provincia arequipeña de Castilla y ese mismo año fue elegido primer vicepresidente del Congreso. En 1889, durante la Legislatura Ordinaria, fue elegido presidente de la Cámara de Diputados y tuvo a su cargo la Junta Preparatoria en el Congreso de 1890. En ese año, se hicieron muy evidentes las redes de poder que logró construir durante los años de crisis del Partido Civil. Lo anterior se puso de manifiesto no solo en la decisiva influencia que el grupo dirigido por Valcárcel, «Círculo Parlamentario», mostró en el triunfo del heredero de Cáceres, Morales Bermúdez658, sino en el nombramiento del arequipeño como presidente del Consejo de Ministros y ministro de Gobierno y Policía y Obras Públicas de dicha administración. Sin embargo, las ambiciones del hábil político arequipeño muy pronto chocaron con la agenda de la maquinaria cacerista. Para 1893, a pesar de haber ganado la reelección de presidente de la Cámara de Diputados, se hizo obvio que la administración de Morales Bermúdez no apoyaría sus aspiraciones presidenciales. A partir de ese momento, Valcárcel además de hacer sentir su voz disidente en el Congreso y en el aparato electoral, que su agrupación logró controlar en diversos puntos del país (Un Patriota Viejo, 1894, p. 173), comenzó a acercarse a los núcleos civilistas de la Cámara de Senadores659. Los tímidos acercamientos entre las fuerzas civiles opuestas al continuismo del orden cacerista se cristalizaron a los dos años de inaugurada la administración Morales Bermúdez. El 14 de octubre de 1892, ante el peligro de que Cáceres intentara presentar su candidatura para las elecciones de 1894 y reemplazara en el poder a su protegido660 — lo que en efecto posteriormente realizó—, un grupo importante de parlamentarios se cohesionó en un nuevo frente político, la Unión Cívica. En la ceremonia de fundación de este importante núcleo civilista, el derrotado candidato presidencial de 1890, Francisco Rosas, observó la necesidad ineludible de que aquella flamante asociación política, que aglutinaba alrededor de ochenta miembros de la cámara de senadores y de diputados, se fortaleciera con el fin de hacer frente al incontrolable autoritarismo militar661. En pocas palabras, los civilistas además de llevarse a otra tienda política el aparato simbólico con que habían revestido de legitimidad al orden cacerista, reiniciaron su tradicional discurso antimilitarista. Los congresistas civiles articularon un frente multipartidario, capaz de confrontar al abierto y creciente proceso de militarización de la vida 308

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