movilización de todas las fuerzas vivas de la nación. La estrategia de la «montonera», tipo primario de acción política y antecedente de la guerra de guerrillas, fue el mecanismo de presión utilizado por las fuerzas civiles para desalojar a la maquinaria cacerista del poder. La riesgosa puesta en marcha de la estrategia montonera permitió a los civiles contar con un arma eficiente en el proceso de reocupación de los espacios políticos provincianos perdidos a manos de la maquinaria militar cacerista. Este capítulo prestará especial atención al surgimiento, evolución y posterior quiebre del modelo político coalicionista y evidenciará cómo en aquel se recreó mucho de la experiencia política previa a la Guerra del Pacífico. Estableceremos, asimismo, cómo los problemas de hegemonización política y control social, en el seno de un grupo multipartidario y socialmente heterogéneo, son fundamentales en la comprensión de las limitaciones de un novedoso proyecto político de corte nacional. LA RUPTURA DEL «BLOQUE CONSTITUCIONALISTA» El proceso de distanciamiento entre los núcleos civiles y el aparato militar comandado por Cáceres tuvo su capítulo inicial en la sucesión presidencial de 1890. Durante aquella, los sectores militaristas y conservadores consolidaron su posición en el seno del «bloque constitucionalista», que en 1884 llevó a Cáceres al poder. El corolario de la militarización del constitucionalismo fue el «pacto de sucesión» presidencial favorable a otro miembro de la cúpula del ejército, el coronel Remigio Morales Bermúdez (Obín, 1901, p. 4). Así, el proceso electoral de 1890, digitado desde Palacio de Gobierno y que abrió el camino a la consolidación del aparato militar, marginando al civilismo, representado por el abogado Francisco Rosas, evidenció las primeras fisuras al interior del frente cívico-militar constitucional. Morales Bermúdez, camarada de armas de Cáceres, exbreñero y miembro activo del «Centro Militar»656, logró hacerse de la Presidencia de la República con el apoyo de la maquinaria gobiernista (Miró Quesada, 1961, pp. 192-195; Basadre, 1983, VII, pp. 137-138). Lo anterior no fue una mera casualidad. Morales Bermúdez representaba al sector militar que había prestado fundamental apoyo para la puesta en marcha del proyecto político cacerista. Si bien es cierto que civiles como Antero Aspíllaga, Luis Felipe Villarán, Ramón Ribeyro, Isaac Alzamora, Elías Mujica, entre otros, proveyeron al general Cáceres de los rituales y símbolos republicanos, indispensables para la legitimidad de su gobierno, 306
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