La utopía republicana

«ciudadanos pacíficos» de todo el país651. Así la tendencia hacia la desmilitarización de la política peruana, evidenciada en la revolución de 1894-1895, corrió paralela con el resurgimiento de la ideología republicana de corte democratizante y populista, activada en 1871 por el Partido Civil652. En el neorrepublicanismo de la década 1890, que emergió durante el movimiento coalicionista de 1894-1895, se hizo evidente no solo la reaparición del discurso cívico, que caracterizó a la década de 1870 sino, también, la puesta en marcha de las viejas estrategias movilizadoras tendientes a propiciar la participación ciudadana. El movimiento coalicionista y el gobierno que posteriormente le sucedió fueron percibidos, asimismo, como hitos fundamentales de la historia de la república653. En pocas palabras, la montonera, estrategia política determinante en los conflictos políticos republicanos tempranos654, fue el eje central de la Revolución Coalicionista. Aquella simbolizó la reacción popular, canalizada y cooptada por la prensa, los núcleos congresales y los partidos políticos, contra una administración desgastada e incapaz de llevar a cabo los ideales republicanos por todos requeridos. Este capítulo analizará el movimiento político, básicamente organizado y articulado por los sectores civiles, denominado «La Coalición». Este, conformado por diversas y múltiples fuerzas sociales, limeñas y provincianas, se constituyó, mediante el pacto político pluripartidario del 30 de marzo de 1894, en un poderoso mecanismo capaz de derrocar al régimen cacerista. Una aproximación al fenómeno coalicionista, que cobijó bajo un mismo paraguas a civilistas, demócratas y liberales, puede permitirnos mostrar cómo aquel cúmulo de fuerzas sociales —algunas fortalecidas a la sombra del gobernó autoritario del general Andrés A. Cáceres, otras marginadas totalmente— significó un rebrote del doctrinarismo republicano del pasado y un nuevo realineamiento de los grupos políticos civiles nacionales que, al lograr aglutinar y dirigir las energías de una sociedad agotada por la crisis del modelo «constitucionalautoritario» cacerista655, volvieron a asumir un rol fundamental en el diseño de la política peruana. «La Coalición», comandada por la figura carismática del viejo político arequipeño Nicolás de Piérola, recreó las estrategias movilizadoras del pasado. En efecto, el movimiento coalicionista apeló a la activa participación de los núcleos congresales, al constante estímulo de una prensa combativa, al liderazgo de los fortalecidos partidos políticos y a la 305

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