541 «Vienen aquí nuestros inanimados compañeros del Norte para encontrarse con otros no menos esforzados campeones del Sur, que le antecedieron en la hora del sacrificio. Hoy con satisfacción podremos decir que nuestros héroes dormirán juntos, a la sombra de una bandera que flameó de igual modo en Angamos que en Huamachuco» («Discurso del coronel Justiniano Borgoño, encargado de la Comisión enviada al Norte» en Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú (1984, p. 229). 542 «Volvamos nosotros a la batalla de la vida que en ella nos esperan grandes y muy penosos deberes que cumplir…que cese la funeral campana de hacer oír sus toques plañideros…que en su lugar se vean por todas partes las huellas de trabajo, germen indudable del progreso; que quede aquí ante la severidad de la muerte, juramentada la unión de la familia peruana» («Discurso pronunciado en el Cementerio de Lima, el día de la inhumación»). 543 La «coalición constitucional», que nació con la finalidad de dar plena vigencia a la Constitución de 1860, desconocida por el gobierno «ilegal» de Iglesias, buscó incorporar en un frente pluripartidario a los miembros de los partidos Demócrata, de Piérola —quienes se negaron a participar—; Liberal y Constitucional, y a los sobrevivientes de los antiguos núcleos civilistas. En un suelto periodístico publicado en El Comercio el 12 de junio de 1884 se señalaban claramente los alcances de esta nueva fusión política: «Créese que tanto el partido Civil como el Liberal decidirán trabajar por la candidatura del general Cáceres a la presidencia de la República y de aquí se deduce que es posible el refundimiento de ambos en uno solo, bajo la denominación de Partido Constitucional». De esta manera, se neutralizaban los peligros de los temidos faccionalismos de antaño (Miró Quesada, 1961, pp. 159-160). 544 Luego de la sangrienta guerra civil, 1885-1886, que enfrentó al héroe de la Breña y al firmante del Tratado de Ancón, las fuerzas cívico-militares que apoyaron a Cáceres establecieron un gobierno provisorio formado por el parlamentario Antonio Arenas, el abogado y ministro civilista José Eusebio Sánchez, el coronel Manuel Velarde y el comerciante y dirigente civilista Pedro Correa y Santiago. 545 Al día siguiente de asumir oficialmente el mando supremo, Cáceres pronunció un discurso ante el Congreso en el cual señaló ante sus representantes que estos habían sido elegidos con la finalidad de iniciar «la nueva era constitucional de la República». Su propia elección como presidente, afirmaba el general ayacuchano, había sido hecha con la finalidad de que, apoyándose en las deliberaciones del Congreso, colaborara en la afirmación del orden político y social, «con la estricta observancia de la ley y con la acción rápida y ejemplarizadora de la justicia» (Dancuart & Romero, 1902-1926, XVI, pp. 431, 432 y 434). Para el rol del civilismo en el parlamento ver Echegaray (1965, pp. 460-462) y Ayarza (1921, pp. 28-29). 546 En el discurso pronunciado en esta simbólica ocasión Cáceres señaló: «Me desnudo, pues, de esa clase militar que carece de origen legal, para dar un ejemplo práctico de respeto a la Constitución que he jurado sostener» (Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú, 1984, p. 139). 547 Para un análisis en la larga duración de la complicada alianza entre civiles y militares ver Basadre (1929b). 548 José María Químper, uno de los miembros más importantes del Partido Liberal, base 294
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