«idolatría» que este despertó entre el pueblo ver Miró Quesada (1961, p. 177). La popular «huaripampeada», en la cual las tropas del «Brujo de los Andes» burlaron al poderoso ejército de Iglesias, se mantuvo por mucho tiempo en el imaginario colectivo peruano. Para los efectos de la «huaripampeada» en provincias ver Memoria que el Coronel Prefecto del departamento de Ayacucho, presenta al Ministro de Estado en el despacho de Gobierno, Policía y Obras Públicas, sobre el estado de su administración pública en el Departamento a su mando, Ayacucho, mayo de 1886, BN, CM. 535 51 Para un acercamiento al ceremonial funerario del 15 y 16 de julio de 1890, que culminó con un desfile multitudinario de la plaza de la Exposición al Cementerio, y en el cual estuvieron presentes partidos políticos, colegios, universidades, empleados públicos, asociaciones profesionales y artesanales, comisiones departamentales, clubes sociales, colonias y sociedades extranjeras, y sociedades culturales y educacionales, ver Basadre (1983, VII, pp. 192-194). 536 Para este punto ver «Decreto-ley del presidente Cáceres ordenando la traslación a Lima de los restos de los héroes de la Guerra 1879-1888» en Revista Militar y Naval, año III, no. 55 (Lima, 15 de junio de 1890), 1305-1306. 537 El ministro de Guerra del régimen, Francisco de Paula Secada, estableció claramente la conexión entre el cacerismo y el ritual unificador patriótico: «El gobierno del general Cáceres, del militar que ha ligado tan estrechamente su nombre a la Defensa Nacional, desde San Francisco hasta Huamachuco, no podía permanecer indiferente al sentimiento público, respecto a estas cenizas…Él pretende cerrar la época dolorosa de nuestros desastres con la presente ceremonia…» [«Discurso del Ministro de Guerra y Marina Francisco de Paula Secada» en Revista Militar y Naval, año III, no. 57 (Lima, 16 de julio de 1890), 1354-1358]. 538 «¿Y a quiénes se va a enterrar? Al soldado legendario de sus combates, al marino dominador del océano, al joven universitario que cayó henchido de esperanzas, al obrero que cambió por el fúsil la herramienta de trabajo, al héroe ignorado de la puna…» [«Discurso pronunciado en el Cementerio de Lima el día de la inhumación de los restos de las víctimas de la Guerra, por el Teniente Coronel Dr. D. Hildebrando Fuentes a nombre del Centro Militar del Perú» en Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú (1984, p. 226). 539 «San Francisco tiene a Espinar que se midió cara a cara con la muerte y con la fatalidad del Perú. Tarapacá, victoria concedida al valor más que a la pericia militar. Tacna, batalla caballeresca, de imposible éxito para el Perú…Angamos, legendario episodio, donde descuella Grau, fuerte por su valor y grande por su magnanimidad… Arica, epopeya espartana, con Bolognesi ensangrentado y Ugarte, sublime suicida… Miraflores, batalla del frac y de la blusa contra la casaca aguerrida. San Pablo, victoria obtenida sobre una falange engreída con sus triunfos. Y, Huamachuco, último y desesperado esfuerzo del patriotismo…con el General Silva muriendo cual simple capitán; Gastó entregándose voluntariamente al sacrificio; y Prado, Luna, Portugal, fusilados por el enemigo…» Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú (1984). 540 Al homenaje limeño asistieron delegaciones de Huánuco, Cerro de Pasco, Callao, Puno, Cusco, Arequipa, Piura, Lambayeque, la provincia norteña de Huamachuco, entre otras (Basadre, 1983, VII, pp. 192-193). 293
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