La utopía republicana

Francia. En 1865 participó, junto a militares y a civiles liberales, en la Campaña de la «Restauración» liderada por el general Mariano Ignacio Prado. En 1866 tomó parte en el Combate del «Dos de Mayo». En 1872, durante el gobierno de Manuel Pardo y estando de segundo jefe del batallón «Zepita», Cáceres debeló un motín en el cuartel San Francisco y en mérito de ello Pardo le asignó el mando de dicha unidad. En 1874 participó en la represión de la revolución pierolista contra el régimen civilista, participando activamente en las batallas de Los Ángeles y Yacango. En 1879, estando como prefecto del Cusco, recibió las noticias del estallido de la guerra y se desplazó al Puerto de Pisagua en donde se incorporó al «Ejército del Sur». 500 Un refrescante acercamiento al «orden cacerista» es el que nos provee Manrique (1988, pp. 135-177). El autor observa que la Ley de Descentralización Fiscal aprobada durante la gestión Cáceres, la cual fomentaba la utilización de las rentas fiscales en beneficio de cada provincia y departamento del país, fortaleció a los poderes locales frente a un Estado central debilitado. Aquella, junto con el restablecimiento de la contribución personal, fortaleció los ámbitos privados del poder eliminando al Estado como competidor en el manejo de los asuntos públicos. Para una aproximación al ensayo de descentralización fiscal por la cual «cada departamento adquirió la autonomía de su pobreza» ver Basadre (1983, VII, pp. 103-105). 501 La aproximación económica más completa a los estragos de la Guerra del Pacífico la provee Boloña (1981, cap. 3, especialmente tabla 3.1). 502 «Al recobrar la república su dominio de sí misma en 1886, era menos que la colonia emancipada que dejaron tras de sí San Martín y Bolívar … el país era un montón de escombros» (Maúrtua, «Discurso en la Universidad de San Marcos, 1915», en Dávalos y Lissón, 1919-1930, pp. 38-39). 503 Para Basadre la Guerra del Pacífico «fue el sacudimiento más grande que el hombre peruano sintió en ese siglo… No hubo existencia de contemporáneo, joven o viejo, varón o mujer, que de un modo u otro no fuera tocado por ese drama». Sin embargo, más negativa que la inmensa destrucción material que la derrota frente a Chile provocó fue, según Basadre, «el complejo de inferioridad, el empequeñecimiento espiritual, perdurable jugo venenoso destilado por la guerra, la derrota y la ocupación» (Basadre, 1983, VI, pp. 368-369). 504 Otro balance económico posguerra es el provisto por Osores (1886). 505 De 18 millonarios que existían en 1870 ninguno había logrado remontar el desastre de la guerra; de 11 587 ricos, solo quedaban 1725; la «confortable» clase media peruana se vio reducida a 2000 personas y medio millón de mendigos asolaban, junto con las plagas y las enfermedades, los diversos rincones del país (Clavero, 1896, p. 51). Sobre la miseria limeña y la proliferación de la prostitución en la capital de la República, durante el período de la postguerra, ver Dávalos y Lissón (1941, pp. 62-63) y Basadre (1983, VII, pp. 20-21). 506 Para una aproximación a las movilizaciones campesinas posteriores a la guerra ver Mallon (1983, pp. 101-103); Manrique (1988, pp. 51-81). El caso del distrito serrano de Comas, analizado por Manrique y Mallon, el cual intentó incluso federalizarse en el período de la posguerra evidencia el estado de fragmentación y atomización política que vivía la sierra central peruana. Es probable que en otras regiones del país se estuviera 289

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx