La utopía republicana

«prácticas», ver Osores (1886, p. 4). 494 En el mismo año de la conversación Alzamora-Dávalos, un editorialista de El Comercio ponía de manifiesto claramente la necesidad de subordinar los intereses políticos a los económicos. Este decía al respecto: «Que haya en los futuros mandatarios del país la voluntad y el talento necesarios para favorecer el desarrollo de la industria; que sepan dar facilidades al comercio, apoyo a la minería y la agricultura, protección decidida al trabajo … y la obra de reconstrucción que vamos a acometer descansará desde el principio sobre sólidas bases. Los pueblos agradecen mucho más los servicios materiales que en este orden se les preste, que los esfuerzos que se hacen en el sentido de mejorar su condición política» (El Comercio, 23 de octubre de 1883). 495 «No es tanto energía y carácter lo que se necesita para alcanzar el éxito, sino perseverancia y sobretodo insensibilidad para el dolor físico y moral» (Dávalos y Lissón, 1941, p. 13). 496 Osores, en la conferencia anteriormente mencionada, señalaba: «Sin orden no hay estabilidad ni progreso posible, y por lo mismo todos estamos obligados a trabajar para establecerlo y consolidarlo…el desorden político, el desorden administrativo, el desorden comercial, el desorden industrial y el desorden doméstico, son las enfermedades que van debilitando nuestra vida social…» (Osores, 1886, pp. 4-11). 497 Para este punto ver: Sobre el acta de conciliación suscrita entre los señores Teodosio Bedoya y Narciso del Valle, nombrados subprefectos de Yauyos por los gobiernos del general Andrés A. Cáceres y Miguel Iglesias respectivamente, 11 de enero de 1886 y Documentos sobre los sucesos ocurridos en los pueblos de Calca y Acomayo con motivo de las elecciones, Cuzco, 21 de abril de 1886, Biblioteca Nacional, Colección Manuscritos, en adelante BN, CM. Sobre el agudo proceso de anarquía y atomización política que se cernió sobre el país luego de la guerra ver: Propuesta de conformación de un Estado Federal en Comas. 1888 en Manrique (1988, p. 190) y Taylor (1987, pp. 18-22). Cabe destacar, asimismo, que en la represión y en los esfuerzos pacificadores posteriores a la guerra los «breñeros», antiguos camaradas militares de Cáceres como el coronel Andrés Freyre, desempeñaron papeles estelares (Manrique, 1988, p. 67). 498 El catedrático sanmarquino Víctor Maúrtua sintetizaba la situación de reorganización político-económica de la posguerra de la siguiente manera: «La fortuna dominial del Estado, que había sido el nervio de toda la acción pública, al pasar íntegra a manos del vencedor, dejó planteado el problema de la formación de una hacienda a expensas de una nación exhausta» (Víctor Maúrtua «Discurso en la Universidad de San Marcos, 1915» en Dávalos y Lissón (1919-1930, p. 40). 499 El general Andrés A. Cáceres, 1836-1923, no solo cumplió un rol decisivo en la «Resistencia» frente al invasor chileno, sino que durante sus años de servicio en el ejército exhibió una carrera militar intachable. De solo 19 años Cáceres participó en la batalla de «La Palma» defendiendo a la revolución liberal acaudillada por Castilla. En los primeros años del segundo castillismo, Cáceres fue un activo defensor del régimen cívico-militar, tomando parte activa en las batallas de Chucullay, Pacopata, Siete Chombas, Yumina, Bellavista y en el asalto al Fuerte Santa Rosa. En 1859, durante el conflicto con el Ecuador, el futuro presidente se desempeñó como escolta del presidente Ramón Castilla. En 1862 viajó a Francia como ayudante de la legación del Perú en 288

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