La utopía republicana

obvio que contra aquellos se enfrentarían los intentos cohesionadores de los núcleos civiles limeños y provincianos. Sin embargo, a pesar de que los civiles fueron desplazados del Poder Ejecutivo en 1890, el choque decisivo entre los miembros del frente cívico-militar debió esperar algunos años más. En 1894, en medio del intenso enfrentamiento entre el Congreso y el Ejecutivo, que preludió la sucesión presidencial de aquel año —y que trataremos en el próximo capítulo—, el civilismo volvió a convocar, con la finalidad de sacar del camino a sus antiguos aliados, a las fuerzas sociales alienadas por el cacerismo. Así, nuevamente como en 1871, fueron convocados los marginados liberales, los sectores urbanos descontentos con la crisis económica de 1892, los núcleos congresales, la prensa y las élites económicas provincianas, ahogadas por el poder de las maquinarias militares caceristas. La finalidad de dicha convocatoria fue revivir la gesta republicana inconclusa. La coalición de 1894, liderada mayoritariamente por los antiguos aliados civiles de Cáceres, retomó una vez más los ideales incorporativos del pasado. Era obvio que para arribar a la «Tierra Prometida» del Poder Ejecutivo, los núcleos civiles se vieron obligados a arriesgar su estabilidad y debieron optar por una abierta y violenta confrontación con el régimen que habían ayudado a legitimizar. El gobierno de la Coalición, que sustituyó al cacerismo — y que será tema del próximo capítulo—, fue un nuevo intento de reactivar la vieja tradición democratizante e implementar, con nuevos actores y diferentes condiciones, el tan ansiado orden republicano. El «republicanismo-autoritario» cacerista (1886-1894) fue el modelo político que se implementó en el país luego de la derrota frente a Chile. La coalición político-militar que surgió luego de este suceso, y aglutinada en el Partido Constitucional, tuvo por finalidad reconstruir las bases económicas y políticas nacionales que la guerra había colaborado en destruir. Así, los siguientes constituyeron los pilares más importantes del nuevo orden político liderado por Cáceres: la firma del Contrato Grace, que solucionó el problema de la deuda externa y estimuló las inversiones extranjeras; y la puesta en marcha de un autoritarismo con fachada republicana, en el cual el parlamento cumplió funciones simbólicolegitimizadoras y las maquinarias militares caceristas se encargaron de las tareas represivas. El fortalecimiento del positivismo de corte autoritario, que para mediados de la década de 1880 comenzó a desplazar al liberalismo doctrinario, colaboró en proveer el elemento ideológico para la 286

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