Quintanilla, El catecismo del recluta, fue editada en la imprenta militar del Estado, con el auspicio del gobierno de Cáceres. Así, la administración cacerista ordenó, mediante la resolución del 4 de mayo de 1889, que el texto de Quintanilla se adoptara como de enseñanza obligatoria en todos los establecimientos escolares de la república, de modo que se imprimieron diez mil ejemplares637. Comentarios en torno a la utilidad del catecismo, como los vertidos por el militar argentino Juan M. Espora, quien veía al texto de Quintanilla como el instrumento capaz de hacer de «cada ciudadano un soldado», dicen mucho de los intentos de militarización masiva por parte del cacerismo y de la capacidad de difusión a nivel internacional que adquirió la prédica militarista peruana (Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú, 1984, pp. 189190). Si bien es cierto que muchos de los ideólogos militares hicieron evidentes sus deseos de expandir su mensaje militarista a nivel nacional, mediante la utilización de corresponsales y periodistas provincianos638, la idea de extender la prédica del ejército peruano a otros países latinoamericanos no fue dejada de lado. A través del mecanismo de propaganda anterior se buscó mantener «la llama del patriotismo» y se intentó neutralizar a los tradicionales enemigos del militarismo. Estos, apertrechados en el parlamento y en la prensa, comenzaron a ejercer severas críticas contra los amenazadores avances de un ejército reconstituido. En la medida que dicho proceso de militarización se intensificó, los civiles empezaron a percibir con mayor claridad cómo los militares, sus antiguos aliados, no solo les estaban disputando la hegemonía en un campo tradicionalmente civil —el de las letras— y desplegaban amenazadoramente su poder en preocupantes rituales públicos —el simulacro militar en conmemoración de la batalla de Tarapacá, el 27 de noviembre de 1889, por ejemplo639—, sino que intentaban hegemonizar a la Guardia Nacional —el cuerpo que el Partido Civil logró cooptar en el pasado—. En tal contexto, el proceso propuesto por los militares no fue el de «civilizar» a dicho cuerpo, sino militarizarlo. Por otro lado, cabe anotar que, siguiendo con la línea de comportamiento anterior, el Partido Constitucional, fundado por Cáceres, fue probablemente percibido por muchos de sus miembros como un mecanismo civil capaz de militarizar los espacios políticos. En pocas palabras, con nuevas estrategias se intentó implementar las viejas tretas por todos conocidas. Como mencionamos, importantes militares veteranos de la Breña ejercieron, con la anuencia 283
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