La utopía republicana

Antero Aspíllaga, combatiente civil en la Campaña de la Breña, parlamentario constitucionalista y ministro de Hacienda del régimen cacerista, fue uno de los representantes preclaros del importante grupo exportador azucarero que creció a la sombra de la «pax cacerista». Aspíllaga, uno de los pioneros del cultivo del azúcar en la costa peruana, fue uno de los más innovadores hacendados del período de la posguerra. La hacienda de la familia Aspíllaga, Cayaltí, una de las pocas negociaciones azucareras norteñas que, gracias al crédito de las casas comerciales, sobrevivió a la crisis económica que sucedió a la Guerra del Pacífico, se erigió en un ejemplo de mecanización y tecnología606. En 1886, Aspíllaga ingresó a la política como diputado por la provincia de Chiclayo y al año siguiente aceptó la Secretaria de Hacienda que le ofreció el gobierno de Cáceres. Desde su importante cartera el flamante ministro canceló la deuda externa al celebrar con los acreedores peruanos el controversial contrato Aspíllaga-Donoughmore. Asimismo, precipitó la desaparición del billete depreciado607, reorganizó las finanzas, niveló el presupuesto y mantuvo en buen pie el crédito del Estado608. En pocas palabras, Aspíllaga creó las condiciones necesarias no solo para que el Perú se reinsertara nuevamente en la economía internacional, sino para que fluyeran al país las inversiones extranjeras, que le interesó captar al grupo exportador609. Cabe anotar, sin embargo, que a pesar de la injerencia de los capitales extranjeros en la industria azucarera —Gildemeister, Larco, y Grace, por ejemplo—, el azúcar fue un sector peruano y los períodos de auge y decadencia fueron consecuentemente de auge y decadencia para una parte importante del capital nacional (Thorp & Bertram, 1985, p. 59). La minería fue otro sector que creció y se fortaleció durante la «pax cacerista». El descubrimiento de nuevos yacimientos —de plata y cobre—, la implementación de una moderna tecnología —fundición y lixiviación— y la presencia de un cuerpo nacional de ingenieros de minas610 colaboraron en el renacimiento de un sector exportador, que se había mantenido relegado por falta de inversión y tecnología611. La minería, al igual que la industria azucarera, atrajo la atención de inversionistas extranjeros y nacionales. La minería de plata en Casapalca y Morococha612, y posteriormente la de cobre en Cerro de Pasco, enriquecieron durante mediados de la década de 1880 y la de 1890 a un grupo importante de mineros peruanos. Por otro lado, las dificultades de una explotación en gran escala que demandaban fuertes desembolsos de capital fueron superadas mediante la asociación de capitalistas nacionales con 277

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