La situación anterior fue la continuación de una tendencia hacia la diversificación económica propiciada durante los años de la «República Práctica» (Thorp & Bertram, cap. II, pp. 138-140). Los efectos de la expansión exportadora se dejaron sentir en la economía interna del país durante sus primeros años de puesta en marcha (Thorp & Bertram, 1985, p. 36)601. El modelo cacerista, políticamente autoritario, ayudó en consolidar, mediante su política de exoneración tributaria a las exportaciones y de incentivo a las inversiones extranjeras (Thorp & Bertram, 1985, p. 38), los cimientos de la economía exportadora que sucedió a la Guerra del Pacífico. De esta manera la reconstrucción de la posguerra fue posible por un cambio sensible en la naturaleza de las inversiones extranjeras que de préstamos al Estado devinieron en colocaciones directas en las áreas más importantes de materias primas, y por la fusión y monopolización interna de los recursos productivos, particularmente tierras y minerales602. En el contexto de la reconstrucción de la economía exportadora fue la industria azucarera la que empezó a evidenciar un mayor liderazgo603. El factor clave que explica su crecimiento fue el éxito obtenido en el aumento de sus rendimientos y disminución de sus costos por medio de innovaciones técnicas y reorganización de las relaciones de producción. La mecanización —introducción de arados a vapor y ferrocarriles livianos para llevar caña hacia el ingenio junto con la implementación de nuevos y modernos ingenios— fue la respuesta que dieron los hacendados norteños, extranjeros y peruanos, al fantasma que había rondado durante la década de 1870 a ese importante sector económico: la escasez de mano de obra604. Los aportes más importantes de la industria azucarera al crecimiento económico del país fueron el avance tecnológico y la formación de capital durante la crucial década de 1890. Los estrechos vínculos entre hacendados azucareros y los financistas urbanos, a partir de 1889, posibilitaron no solo el financiamiento de los principales programas de inversión, a través del mercado de capitales limeño (Thorp & Bertram, 1985, p. 67), sino también la diversificación de las inversiones de los agricultores que tuvieron mayor éxito. Los azucareros nacionales que lograron remontar la crisis económica que sucedió a la Guerra del Pacífico se convirtieron en directores y accionistas de una serie de empresas urbanas, suministrando, asimismo, parte considerable de los depósitos de los nuevos bancos que ayudaron a establecer605. 276
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