La utopía republicana

neutralizar a las diferentes vertientes ideológicas que aun luchaban por imponer un modelo político incorporador597. Cuando Polar afirmaba, entre los aplausos de su enfervorizado auditorio universitario arequipeño, que la aspiración a una perfección absoluta era impensable en el mundo real de las cosas, es probable que tuviera en mente el discurso republicano totalizador y democratizante que precedió a la Guerra del Pacífico. Esta no solo había marcado a una generación entera con «un dolor y una tristeza infinita de la patria», sino que había hecho evidente lo absurdo y frágil de los ideales políticos que la antecedieron. Resulta interesante señalar cómo, medio siglo después de la aparición del discurso cohesionador del educador Bartolomé Herrera, en el cual se colocaba a Dios como el eje de un nuevo ordenamiento político pragmático y unitario, Polar repetía, teniendo como portaestandarte a la patria598, muchas de las tradicionales críticas al peligroso idealismo político fragmentador de antaño. Esta vez, sin embargo, sería la ciencia positiva o la ciencia de la verdad, como él gustaba de llamarla, la que ocuparía el lugar de la religión como centro de gravedad del nuevo ordenamiento político peruano599. LOS FRUTOS DE LA RECONSTRUCCIÓN La «pax cacerista» que se estableció en el Perú entre 1886 y 1894, y que estuvo cimentada en tres soportes: la economía exportadora, una compleja y difícil relación entre un congreso civil y un ejecutivo militar, y un republicanismo autoritario, contribuyó al renacer económico del país. En efecto, para los primeros años de la década de 1890, los frutos de los logros comenzaron a ser cosechados por los diferentes grupos sociales que directa o indirectamente se suscribieron al gobierno autoritarioconstitucional cacerista. Sin embargo, en la medida que la reconstrucción económica, política e ideológica se cimentó comenzaron a aflorar las contradicciones y tensiones de un modelo político y económico frágil. Para el Perú, el período 1886-1894 no fue de una mera convalecencia, sino de una reconstrucción económica «fundamental y seria» (Maúrtua, «Discurso pronunciado en la Universidad de San Marcos en 1915» en Dávalos y Lissón, 1919-1930, pp. 38-39). Las bases más importantes de aquella descansaron en la agricultura y en la minería. Así, la fuerza impulsora del rápido crecimiento económico experimentado durante el período de la posguerra estuvo dada por la expansión de las exportaciones de productos agrícolas, principalmente azúcar, y de minerales600. 275

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