ignorancia, podría neutralizar las evidentes tensiones y contradicciones en el modelo autoritario, que muchos civilistas como Ribeyro apoyaron590. A pesar de que el modelo cívico-militar autoritario del período de la posguerra recibió críticas veladas, que con el transcurso del tiempo se fueron volviendo más directas, la tradición republicana de corte democratizante nunca se recuperó de los duros ataques ideológicos que recibió por parte de los defensores del nuevo «orden republicanopositivista». Ya entrada la década de 1890, el arequipeño Jorge Polar, futuro ministro de Educación del régimen civilista de José Pardo, expresó de manera clara y contundente el nuevo y elaborado discurso ideológico de la élite intelectual peruana de la posguerra591. En su alocución al tomar posesión del cargo de rector en la Universidad de Arequipa, Polar señaló tajantemente el desdén de la ciencia positiva hacia los ideales y ensueños del pasado por ser «quiméricos y vanos». La ruda batalla que estaba dando el positivismo al idealismo tenía como foco central, según Polar, al hombre del idealismo «al arrogante hombre-rey que, orgullosamente, se discernía a sí mismo atributos soberanos». Para el flamante rector arequipeño, el descubrimiento del relativismo del conocimiento por parte del filósofo alemán Kant, el cual había concluido en señalar la incognosibilidad de la verdad absoluta, tiraba por la borda los sueños especulativos y grandiosos de los filósofos del pasado592. Sin embargo, el ataque más frontal de Polar no se dirigió solo hacia los métodos cognitivos de los especulativos, con su doble vertiente escolástica-liberal593, sino a sus estrategias políticas. Estas, al fomentar «la libertad, la igualdad y la fraternidad», propiciaban el absurdo irreal de canalizar las energías hacia los demás sin un conocimiento pragmático y suficiente de la realidad del país594. En pocas palabras, lo que Polar intentaba hacer evidente era lo negativo que resultaba para la estabilidad y buena marcha del país la aplicación de «hermosas» teorías políticas ajenas a la realidad595. Es por lo anterior que su discurso propició el desarrollo de una ciencia de la política basada en experiencias concretas, en pocas palabras, un empirismo pragmático. Al abogar por la necesidad ineludible de vigorizar mentalmente a las élites intelectuales del país «masticando hechos, asimilándonos realidades, metiendo lastre de experiencias» dentro de sus cerebros, Polar no solo arrinconó ideológicamente a «las imaginaciones ardientes» responsables de las peligrosas «utopías» políticas del pasado596, sino que buscó 274
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