Antonio Ribeyro sostuvo en el discurso de inauguración de la sección de «Ciencias Morales y Políticas» de «El Ateneo». Ribeyro, abogado, catedrático universitario y uno de los ideólogos más importantes del Partido Civil, subrayó en su revelador discurso que los políticos y filántropos del pasado, conducidos por un espíritu teórico o de rutina, no habían logrado mejorar las condiciones sociales en el Perú. El reconocido intelectual, tomando distancia de un pasado empírico, sostuvo que resultaba imprescindible un estudio detenido de los fenómenos sociales, en sus múltiples relaciones, a través de la ciencia estadística. Esta, opinaba Ribeyro, proveería de las bases necesarias para el desarrollo de las ciencias sociales. Estas, junto a las ciencias exactas, posibilitarían arrancar «a la vida colectiva el secreto de sus dolores y desgracias, cómo también de sus fuerzas y aptitudes ignoradas»585. Ribeyro señalaba, asimismo, que incluso la casualidad estaba sometida a un cálculo positivo y que, según las condiciones de clima, costumbres y manera de ser de cada sociedad, era posible predecir ciertos fenómenos sociales. La periodicidad y proporción fija en su aparición lo hacían sostener con optimismo que la «Ciencia Política adquiriría algún día la evidencia geométrica»586. Cabe anotar, sin embargo que, a diferencia del discurso político civil previo a la guerra, el pueblo no solo se mantuvo al margen de estas disquisiciones científicas587 sino también de los salones de El Ateneo. La alianza estratégica y mutuamente revitalizadora entre intelectuales y artesanos, que fue el mayor logro simbólico del civilismo histórico, simplemente desapareció588. Muchas de las energías populares dispersas, como veremos en el próximo capítulo, fueron canalizadas por grupos políticos marginados de la fórmula autoritaria-constitucional de la posguerra. Si bien es cierto que El Ateneo de Lima fue un centro importante en el diseño y difusión de la nueva «política científica», básicamente unitaria, cohesionadora y elitista, y que Ribeyro fue, junto con muchos civilistas, un importante soporte del cacerismo, el antiguo rector de San Marcos no dejó de mencionar los peligros que encerraba todo modelo autoritario589. Su posición crítica frente a la «dictadura constitucional» de Cáceres muestra lo ambivalente y contradictorio de muchas de las tendencias ideológicas que emergieron en el período de la posguerra. Para el reconocido profesor universitario, al igual que en el pasado para otro educador, el sacerdote Bartolomé Herrera, solo la educación, al proveer conocimiento y disipar la 273
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx