montaña inaccesible»581. El anterior argumento ponía en evidencia los ambiguos lineamientos del régimen cívico-militar cacerista. Por un lado, un estado fuerte, unitario, centralista y, por qué no decirlo, distante; y por el otro, una máscara ritual, constitucionalista, que le servía de sustento legitimizador. Cáceres, de esta manera, al igual que Porfirio Díaz en México, fue visto como el perpetuador indispensable de una unidad nacional de corte autoritario582. Así, el cacerismo fue una suerte de republicanismo sin ciudadanos. Una estructura política unitarista que, en la mejor tradición castillista, asumió su legitimidad a partir del prestigio personal de un caudillo exitoso, que debió nutrirse, sin embargo, de ciertos rituales republicanos tradicionales y, a diferencia del republicanismocivilista de corte democratizante, evitó el engorroso y complicado trámite de la movilización y participación política ciudadana. Este contradictorio modelo, autoritario-constitucional, ensayado debido a una confluencia de coyunturas históricas internas y externas, encontró su fuerza de apoyo en la ideología positivista, que comenzó a tomar fuerza entre los círculos intelectuales urbanos peruanos en el período de la posguerra. Así, el alejamiento de las «utopías» democratizantes del pasado corrió paralela al fortalecimiento de ciertas ideas que exploraban las posibilidades de construir, de manera científica, instituciones políticas. «El Ateneo de Lima», fundado sobre la base del Club Literario, fue el centro difusor de muchos de los nuevos planteamientos ideológicos y políticos que surgieron durante el régimen cacerista. Dentro del clima unitarista imperante, «El Ateneo de Lima», núcleo intelectual de «los verdaderos amantes del Perú», propició la más amplia tolerancia y espíritu de conciliación nacional, al igual que combatió a los partidarismos del pasado583. La necesidad de crear un gigantesco laboratorio que tendría al Perú como objeto de estudio permeó a la gran mayoría de trabajos intelectuales y prácticos que, como el de análisis económico de Juan Manuel Osores anteriormente citado, surgieron en el seno de «El Ateneo». En tal contexto, la historia junto con las «Ciencias Exactas, las Naturales y Físicas» fueron estimuladas en la búsqueda de soluciones concretas a los problemas prácticos del país. Así, la ciencia histórica, «espejo del pasado y experiencia para el porvenir», fue percibida como un medio de gran utilidad en la solución de los problemas políticos peruanos584. Sin embargo, el planteamiento que mejor retrató al nuevo clima intelectual reinante en el país durante el período de la «Reconstrucción Nacional» fue aquel que el conocido dirigente civilista universitario José 272
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