La utopía republicana

de indios: los yanaconas, bajo la exclusiva dependencia de «los feudales del interior», los cuales no eran necesarios para el proceso electoral; y «la otra clase de indios», compuesta por aquellos que pagaban sus contribuciones y que eran «tan ciudadanos como los demás». El derecho ciudadano de ejercer el sufragio no podía ser, por tanto, alevosamente despojado a los indígenas; más aún si se tenía en cuenta que estos habían tomado parte activa en numerosas elecciones y que incluso en 1872 habían dado el triunfo a la causa civil574. La anterior posición política de Estévez no era casual. El combativo diputado puneño, además de formar parte del ala más reformista del civilismo histórico, aquella que con Garmendia y Costas a la cabeza intentó penetrar y consolidar el poder civil en las provincias del surandino575, fue, también, el mayor defensor de un desarrollo industrial nacional que tuviera como piedra angular a los indios576. Sin embargo, sus esfuerzos fueron tan inútiles como los que le opusieron Lissón, Márquez y Fuentes a la firma del Contrato Grace. La ley que restringió el universo electoral indígena, reduciendo drásticamente su voto y su participación política, triunfó finalmente. Así como triunfó también la posición económica de entregar los ferrocarriles y las riquezas nacionales a los acreedores extranjeros. La derrota de las concepciones económicas y políticas más innovadoras del republicanismo histórico fue en paralelo con el arrinconamiento ideológico de los paradigmas democráticos que lo nutrieron. El neocivilismo autoritario, en su afán de lograr bases materiales sólidas y un control político- social más efectivo sobre las provincias, tuvo que claudicar en sus afanes de buscar una mayor democratización económica y política para el país. Para lograrlo, recicló su innovadora ideología republicana. EL RECICLAJE IDEOLÓGICO En setiembre de 1892, luego de seis años de que la alianza cívicoconstitucional asumiera el poder, el congresista civilista Carlos Elías, ministro de gobierno del régimen del general Cáceres, señaló en una sesión del Congreso de la República que la propaganda socialista difundida en Francia a través de la violencia dinamitera socavaba el orden social en Europa, al amenazar la existencia de los gobiernos y preparar el camino para «terribles catástrofes». La imperiosa necesidad que tenían los políticos peruanos de alejarse de «las utopías» ideológicas del pasado fue uno de los ejes centrales en la alocución del ministro cacerista577. Elías no 270

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