limeños y provincianos civiles, en el gabinete y en el parlamento, fueron los creadores de las imágenes y rituales capaces de reforzar al sistema558. Un análisis de la trayectoria político-militar del tarmeño Augusto Bedoya y del piurano Fernando Seminario puede darnos una aproximación al perfil social de los militares que se constituyeron en piezas claves del orden cacerista. Bedoya, a pesar de provenir de una familia militar, realizó sus estudios en la Universidad de San Carlos. Así pues, la Guerra del Pacífico lo encontró como estudiante de Letras; formó parte, inicialmente, de la «Legión Carolina Militar» de su universidad, con la que participó en la Campaña del Sur. Probablemente fue en el sur, en las batallas de San Francisco y Tarapacá, donde Bedoya estableció su primer contacto con el entonces coronel Cáceres, quien posteriormente lo nombró su ayudante en las batallas de San Juan y Miraflores. En 1881, luego de la ocupación de la capital por parte del ejército chileno, Bedoya se unió al Ejército de la Resistencia, manteniendo su nombramiento de ayudante de Cáceres. En 1883 fue promovido a ayudante de campo y en 1885 fue nombrado subprefecto de Tarma. En 1886, luego del triunfo de Cáceres sobre Iglesias, Bedoya fue uno de los animadores del Partido Constitucional, que llevó al héroe de la Breña a la Presidencia de la República. Durante el régimen de su protector y camarada de armas, Bedoya ejerció las prefecturas de Áncash y Arequipa. En estas cumplió no solo intensas actividades políticas como mantenedor del frágil orden político que sucedió a la guerra, sino que desempeñó un importante rol en la construcción de carreteras interprovincianas. En 1894, cuando el orden cacerista fue amenazado, Bedoya fue uno de sus más fieles defensores (Paz Soldán, 1917, pp. 66-68). La misma tenacidad en la defensa del orden político jefaturado por Cáceres fue la que exhibió el militar y agricultor piurano Fernando Seminario, miembro activo de la importante maquinaria política norteña, sirvió con Balta en el Combate del 2 de mayo y con Iglesias cuando este fue jefe político militar del norte. A diferencia de Bedoya, quien hizo casi toda su carrera político-militar a la sombra de Cáceres, Seminario fue uno de los militares independientes que fueron cooptados por el cacerismo. Como miembro activo del Partido Constitucional, el prefecto Seminario fue uno de los baluartes norteños del régimen autoritario de la posguerra y uno de los más tenaces defensores del federalismo que las leyes de descentralización fiscal, dictadas por el gobierno de Cáceres, indirectamente propiciaron (Paz Soldán, 1917). 265
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