civilista (1872-1876), Mujica fue nombrado coronel de la Guardia Nacional y organizó el batallón 4 con el que marchó a Arequipa a debelar la revolución de Piérola. Resulta factible afirmar que fue durante la represión a la revolución pierolista que se establecieron importantes contactos entre los civiles y el que posteriormente se convertiría en importante aliado político: Andrés Avelino Cáceres. En efecto, en el viaje de los contingentes gobiernistas a Arequipa coincidieron en la misma embarcación, «El Chalaco», los miembros del batallón «Zepita» comandado por Cáceres y el batallón 4 de la Guardia Nacional, comandado por Mujica555. La confrontación con las fuerzas revolucionarias pierolistas colaboró en sellar la estrecha relación cívico-militar que emergió en los años posteriores a la Guerra del Pacífico. En esta, Mujica combatió como soldado raso en la Batalla de Miraflores, participando activamente, después de la toma de Lima, en la resistencia contra las fuerzas de ocupación. El papel desempeñado por Elías Mujica en el Comité Patriótico de la Resistencia, en la compra y envío de armas y pertrechos al ejército cacerista —tema incluso de novelas y obras de historia chilena— cimentó la relación entre los núcleos civilistas limeños y el general ayacuchano (Inostrosa, 1959, pp. 38-52). Fue por ello que cuando las actividades del Comité Patriótico fueron descubiertas, Mujica salió de la capital y se puso bajo las órdenes de Cáceres, quien lo nombró prefecto de Lima en campaña, delegado nacional de su gobierno y comandante general del departamento. Debido a su estrecha relación con Cáceres, Mujica realizó, junto con aquel, la penosa travesía por los Andes, desde Huaraz hasta Santiago de Chuco y Huamachuco. Ahí luchó codo a codo con los núcleos sobrevivientes de la Campaña de la Breña, la batalla que selló la suerte de la guerra556. Cabe anotar que fue recompensada la fidelidad de Mujica y de los núcleos civilistas que representó. En 1887 fue convocado junto con sus correligionarios Alberto Elmore, Aurelio Denegri y Antero Aspíllaga, para formar parte del gabinete ministerial del agradecido general. Lo anterior permite afirmar que los lazos entre el héroe de la Breña y los políticos civilistas, cimentados a lo largo de casi tres décadas de intensas relaciones, se fortalecieron durante la Guerra del Pacífico. Fue por ello que resultó factible que en el período posterior se reviviera la conocida y necesaria fórmula cívico-militar del pasado. En esta las fuerzas participantes, los militares, en este caso los «breñeros», se constituyeron en los ejes del poder local a nivel nacional557; mientras que los políticos 264
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